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	<title>Proceso de paz archivos - MIL Magazine</title>
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	<title>Proceso de paz archivos - MIL Magazine</title>
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		<title>Música, educación y proceso de paz: artes en movimiento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hans Betancourth Pulido]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Jan 2017 17:15:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La palabra música viene del griego mousike y significa el arte de la musa, musa es la divinidad que protege las artes, y el arte puede definirse como la capacidad para hacer algo. La palabra educación viene del latín educatio y significa acción y efecto de dirigir para desarrollar las facultades de la inteligencia. La [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La palabra <strong>música</strong> viene del griego <em>mousike </em>y significa el arte de la musa, musa es la divinidad que protege las artes, y el arte puede definirse como la capacidad para hacer algo. La palabra <strong>educación </strong>viene del latín <em>educatio </em>y significa acción y efecto de dirigir para desarrollar las facultades de la inteligencia. La palabra <strong>proceso, </strong>del latín <em>processus, </em>quiere decir avance, marcha, desarrollo. La palabra <a href="https://milmagazine.org/entrevistas/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/"><strong>paz</strong></a> proviene del latín <em>pax </em>que significa estabilidad y tranquilidad, pero la paz, igual que la guerra, requiere acción, movimiento para prolongarse en el tiempo.</p>
<p>La música, la educación y los procesos de paz requieren <strong>acción/movimiento,</strong> y todo movimiento necesita <strong>tiempo</strong> para desarrollarse.</p>
<p>La música es movimiento, es el arte que se desarrolla en el tiempo, a diferencia de la jardinería, la arquitectura o las artes plásticas, que se desenvuelven en el espacio y en la quietud. También requiere una acción interna coherente y ordenada que permita a quien la escuche captar una imagen sonora. Una composición musical produce diferentes estados de ánimo en quien la escucha: miedo, esperanza, agitación, expectativa… basta con ir al cine para percatarse de ello. Pero al final el proceso musical termina en silencio, llega la paz. <strong>La música puede ser interpretada como una metáfora de la paz</strong>. La paz, como concepto amplio, permite transitar el camino hacia la civilización y la civilización es el propósito de la educación, que a su vez es el conjunto de conocimientos morales, éticos, estéticos, religiosos o técnicos que permiten que la vida del individuo sea útil para él y para su comunidad.</p>
<blockquote><p>La educación es fundamental para cultivar o descubrir la vocación</p></blockquote>
<p>La música requiere <strong>vocación</strong>, como la política, la jardinería, el diseño de modas o la medicina. Para desarrollar la vocación es necesaria la <strong>instrucción</strong>, es decir, reunir un conjunto de conocimientos, dominar técnicas que permitan expresar y dar forma tangible a los impulsos de la vocación. Sin instrucción, la vocación corre el riesgo de quedar aniquilada. La educación es fundamental para cultivar o descubrir la vocación. La música es arte y el arte es político. El <strong>político</strong> lee el presente, lo relaciona con los hechos pasados y conjetura un futuro. El político y el músico desarrollan sus obras en el tiempo, obras que serán olvidadas o recordadas, que generarán veneración o rechazo. Las ideas políticas crean y moldean el espíritu de la época. El <strong>arte</strong> capta y plasma el espíritu de la época y le da forma a través de una técnica, como la pintura, la escultura o la arquitectura. Es responsabilidad de la vocación política armonizar las sociedades para que, al igual que la música, los elementos individuales que la componen tengan un orden, las disonancias resuelvan y los momentos de reposo se alternen con los de movimiento.</p>
<h5>Música y política</h5>
<p>Además de atender los asuntos económicos, militares, sanitarios o laborales, la <strong>política de vocación</strong> se empeña en educar e instruir a la población para construir una identidad cultural que conduzca a la <strong>convivencia</strong>. Un político de ocasión, suele inmiscuirse en la administración pública para entorpecer los procesos que conducen a esa estabilidad ciudadana. El político de vocación interpreta los hechos de la sociedad como una unidad, igual que un músico interpreta una partitura. Para Euclides la unidad es aquello en virtud de lo cual todas las cosas que hay son una. Para llegar a la unidad se requiere un proceso que busca el consenso de todas las partes que la conforman. Un músico y un político simplifican lo complejo y así crean su obra: <strong>música y política son unidades en movimiento</strong>. Una obra musical, igual que una obra política, cobra vida cuando se proyecta a la colectividad, cobra sentido cuando es interpretada y juzgada. La política también crea, como la música, estados de ánimo, estados de “contemplación política” en los que el ciudadano juzga al político y le atribuye responsabilidad por la vida que lleva y por las cosas que suceden en su comunidad. Si el político quiere ganar la aprobación del ciudadano, debe trabajar por construir un entorno en el que la educación y la instrucción ayuden a desarrollar la vocación de los ciudadanos para que sean actores de su propia civilización.</p>
<p>Por el contrario, un proceso sin educación e instrucción reduce la posibilidad de cultivar la vocación. Sin vocación la sociedad se proyecta lejos de la civilización y asume una posición anestesiada o agresiva. La ciudadanía vive en desazón y asume la máxima del “sálvese quien pueda” guiada por la individualidad absoluta: <strong>la soberanía del YO</strong>. Florece la envidia, muere la solidaridad, reina el insulto, crece la ira, el miedo se respira en el aire y el terror pasea por las ciudades<em>.</em></p>
<p>Países como Estados Unidos, España, Inglaterra o Colombia han sido, en los últimos meses, víctimas de políticos de ocasión que entorpecen con sus decisiones políticas –sus obras– la armonía entre sus ciudadanos. La privación de <strong>derechos fundamentales</strong> (paz, educación, salud, vivienda, trabajo, cultura), como obra política ocasional, implica la reducción del espacio vocacional de la ciudadanía. Generaciones enteras han sido educadas en áreas que no son de su interés y, ante la necesidad de sobrevivir, han renunciado a su vocación. Sin vocación, las personas se convierten en presa fácil para los oportunistas-políticos-de-ocasión que entorpecen los procesos de paz necesarios para vivir en sociedad.</p>
<blockquote><p>La música educa el espíritu y lo prepara para vivir en un constante proceso de paz</p></blockquote>
<p>Multitudes inducidas a la superstición, la polarización, la violencia, los nacionalismos y patriotismos, que libran batallas ideológicas, lingüísticas, religiosas y militares. Víctimas de líderes sin arte que obstruyen el desarrollo, la estabilidad y la tranquilidad de sus naciones. Crean caos en el tiempo y aumentan la tensión sin interés por resolver las disonancias. ¡Pésimos músicos! Hasta el menos instruido intuye que carecen de vocación política. Ellos pueden argumentar que son maestros en el arte de la guerra, pero de ser así sabrían que la auténtica victoria en la guerra es la victoria sobre la agresión, es decir: <a href="https://milmagazine.org/entrevistas/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/"><strong>la Paz</strong></a>, como lo indicó hace milenios Sun Tzu. Los procesos que desarrollan los políticos sin vocación alejan al ciudadano de un entorno adecuado que les permita desarrollar las facultades de su inteligencia. Algunos afortunados se refugian en su vocación y plasman el espíritu de la época en sus obras artísticas. La música de Schoenberg, por ejemplo, inspiró a Kandinsky. Ambos artistas –al igual que el <em>Cuarteto para el fin de los tiempos</em> de Oliver Messiaen que fue compuesto en un campo de concentración– ofrecían su vocación al espíritu de la época: la Primera y Segunda Guerra mundial. Es la música del fin de los tiempos.</p>
<h5>La sinfonía necesaria</h5>
<p><strong>¡El <a href="https://milmagazine.org/tendencias/colombia-punto-mira/">Acuerdo de Paz en Colombia</a> y sus leyes reglamentarias obligan a una exigencia musical del encuentro armónico!</strong> Para ello es fundamental contar con excelentes directores de orquesta que conduzcan las disonancias e interpreten la música de las sociedades en las que vivimos. Esa música también depende del proceso de armonización que cada ciudadano desarrolle individualmente y de la disposición para proyectarlo hacia su entorno. Un buen director de nada sirve si la orquesta no le sigue, ya sea por falta de vocación, educación o instrucción. Porque la responsabilidad de la sinfonía no recae únicamente en el director. Es importante, para ello, que los ciudadanos expresen su rechazo a la instrucción estéril en campos que no se relacionen con su vocación, así como la exclusión de las artes y la filosofía en la educación.</p>
<p>El ciudadano de vocación es fundamental para ejercer el espíritu de la época, es un ciudadano valiente porque sabe diferenciar lo justo de lo injusto y expresa a través de su arte, de su obra, su vocación. <strong>La música educa el espíritu</strong> y lo prepara para vivir en un constante <a href="https://milmagazine.org/opinion/la-inercia-la-guerra-la-educacion-la-paz-las-farc-colombia/">proceso de paz</a>. Música, educación y proceso de paz son, en definitiva, movimientos de vocación política.</p>
<p><strong>Escribo este texto como homenaje a los músicos, educadores, políticos, deportistas, humoristas, ciudadanos, valientes de vocación que han apostado por construir <a href="https://milmagazine.org/tendencias/educacion-la-reconciliacion/">procesos de paz</a> y han muerto en el intento.</strong></p>
<p><a href="https://milmagazine.org/author/hans-betancourth-pulido/">Hans Betancourth Pulido</a></p>
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		<title>Muertes invisibles #NoMásViolencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Jan 2017 17:12:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Education]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto]]></category>
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		<category><![CDATA[Semana para la paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La serie documental pretende visibilizar las historias de las víctimas del conflicto colombiano</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe title="Muertes invisibles. Interpreta: Luz Stella Luengas" width="1320" height="743" src="https://www.youtube.com/embed/vZNMLIhmzMA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></p>
<p>En este relato la actriz colombiana Luz Stella Luengas explica un durísimo testimonio sobre la invisibilidad de las personas muertas en el conflicto colombiano. El relato invita, sin duda, a la reflexión, y evidencia el drama que tantísimas personas han vivido durante las últimas décadas.</p>
<p>La serie audiovisual <strong>“<a href="https://www.youtube.com/channel/UCcvtN7Uu_fnyPe1y53nFOaA">No Más Violencia</a>”</strong> es una propuesta elaborada por el <a href="http://www.zoomcanal.com.co/">Canal Universitario ZOOM</a> conjuntamente con el <a href="http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/">Centro Nacional de Memoria Histórica</a> (CNMH) y la <a href="http://www.actoresaca.com/">Asociación Colombiana de Actores</a> (ACA) para visibilizar el dolor de las víctimas del conflicto.</p>
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		<title>La inercia de la guerra, la educación y la paz con las FARC en Colombia</title>
		<link>https://milmagazine.org/tribune/la-inercia-la-guerra-la-educacion-la-paz-las-farc-colombia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[José Luis Ruiz Velásquez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Jan 2017 16:34:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 9 de diciembre de 2016 el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se convirtió en el segundo colombiano en recibir un premio Nobel. Lo recibió como reconocimiento por firmar un acuerdo de paz entre el Estado y la guerrilla de las FARC que puede significar el fin de un conflicto armado de más de [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El 9 de diciembre de 2016 el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se convirtió en el segundo colombiano en <a href="http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37584044">recibir un <strong>premio Nobe</strong><strong>l</strong></a>. Lo recibió como reconocimiento por firmar un acuerdo de paz entre el Estado y la guerrilla de las FARC que puede significar el fin de un conflicto armado de más de cincuenta años. Santos recibió el Nobel después de <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/02/colombia/1475420001_242063.html">haber perdido un <strong>plebiscito</strong></a> para refrendar ese mismo acuerdo por cerca de 57.000 votos en una consulta cuya abstención superó el 60 por ciento, la más alta de los últimos 20 años en votaciones generales en el país.</p>
<p>Resulta increíble, pero efectivamente <strong>existe un sector de la población que se niega a hacer la paz con las FARC</strong>. Llama también la atención que la participación ciudadana para determinar el fin del conflicto ni siquiera fue mayoritaria. <strong>La mayoría de las personas en Colombia no conocen o no les importa el conflicto armado que en mayor o menor grado padecen.</strong></p>
<blockquote><p>La mayoría de las personas en Colombia no conocen o no les importa el conflicto armado que en mayor o menor grado padecen</p></blockquote>
<p>Antes que Juan Manuel Santos,<strong> Gabriel García Márquez</strong> fue el primer colombiano en recibir un premio Nobel. En 1982, Gabo recibió el premio por su obra literaria. En mayo de 1955 –nueve años antes de la creación de las FARC– el primer Nobel colombiano trabajaba como reportero y <a href="http://www.elespectador.com/noticias/nacional/el-drama-de-3000-ninos-desplazados-articulo-382272">narró en el periódico El Espectador</a> el drama de la ocupación militar del Estado colombiano al municipio de <strong>Villarrica</strong>, ubicado en el corazón del país, al oriente del Departamento de Tolima.</p>
<p>Gabo registró en su reportaje el desplazamiento forzado de más de 3.000 niños y niñas sobre los que el Estado nunca respondió (aunque es necesario reconocer, sin embargo, que el desplazamiento forzado como situación humanitaria que requiere atención del Estado solo fue reconocido en Colombia hasta el año 1997). La ocupación de Villarrica no respondió a la defensa del Estado frente a una amenaza extranjera. Fue el resultado de la comprensión que los dirigentes políticos tenían de una población específica: el campesinado.</p>
<p>Durante la primera mitad del siglo XX, en Colombia se promovió por parte de los partidos tradicionales, liberal y conservador, un ejercicio de violencia sistemática y generalizada que terminó en un pacto entre los partidos: el <strong>Frente Nacional</strong>. El <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Pacto_de_Benidorm">Pacto de Benidorm</a>, ciudad española donde se firmó el Frente Nacional, surgió posterior a la instalación del gobierno militar del General Gustavo Rojas Pinilla, quién en el año 1954 emitió una ley de amnistía para desmovilizar a las guerrillas liberales que se habían formado como autodefensas campesinas. En Villarrica se reunieron diferentes grupos de campesinos liberales que se organizaron para defenderse de la agresión conservadora de la época.</p>
<p>El Estado colombiano enfiló sus baterías militares contra un grupo de campesinos temiendo la infiltración comunista en las reivindicaciones agrarias, por lo cual coordinó con Estados Unidos la utilización de 500 bombas Napalm contra el grupo de campesinos concentrados en la región de Sumapaz. Estas familias campesinas huyeron de la guerra hacia zonas inhabitadas, colonizando nuevos territorios al occidente de Tolima con el fin de establecer sus fincas y desarrollar su proyecto de vida campesino. Un líder político de la época, Álvaro Gómez Hurtado, llamó las nuevas colonias como “repúblicas independientes”, una denominación que justificó una nueva operación militar contra las familias campesinas.</p>
<blockquote><p>La guerra tiene hoy más de 260.000 muertos contados, más de 60.000 desaparecidos, al menos 1.200 ejecuciones extrajudiciales y cerca de 8 millones de desplazados internos</p></blockquote>
<p>La consecuencia principal de los ataques estatales, casi diez años después (1964), fue la conformación de las <strong>FARC</strong> en Marquetalia, una vereda ubicada en el municipio de Planadas en el suroccidente del Tolima.</p>
<p>En la década de los ochenta, <strong>el narcotráfico infiltró la totalidad de las capas sociales y económicas de Colombia</strong>, se desarrollaron dos procesos de paz y las FARC promovieron la conformación de un partido político de izquierda al que denominaron <strong>Unión Patriótica</strong>. Más de 4.000 de sus militantes fueron asesinados en menos de 10 años.</p>
<p>La confrontación creció y tuvo el mayor número de víctimas civiles entre 1995 y 2005, cuando en una alianza entre sectores económicos clientelares, militares y políticos tradicionales se constituyeron ejércitos ilegales privados que adquirieron un carácter nacional en la agrupación denominada <strong>Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)</strong>. Las AUC cometieron masacres, desplazamientos forzados masivos, asesinatos de líderes sociales, torturas y otros crímenes crueles y degradantes contra la población civil. Las FARC, por su parte, recurrieron al secuestro intensivo como forma de financiación y cometieron diferentes crímenes de guerra que son de público conocimiento.</p>
<p>De la mano del narcotráfico, que sirve a todos los amos, la <strong>lógica paramilitar</strong> que se instauró en el país logró posicionar un presidente, Álvaro Uribe Vélez, y alcanzar más del 60% del congreso entre senadores y representantes a la cámara, según estudios publicados por organizaciones sociales. El segundo premio nobel de Colombia, hoy presidente, fue el ministro de defensa del gobierno Uribe.</p>
<blockquote><p>La educación tiene una misión fundamental en Colombia: romper el ciclo de la violencia a través de la comprensión de la existencia del otro</p></blockquote>
<p>La guerra en Colombia se ha desarrollado en forma de espiral. Gira sobre un eje inmóvil que incrementa su intensidad de acuerdo a los tiempos. Pero el eje central permanece estático. <strong>La guerra tiene hoy más de 260.000 muertos contados, más de 60.000 desaparecidos, al menos 1.200 ejecuciones extrajudiciales y cerca de 8 millones de desplazados internos.</strong></p>
<p><iframe src="https://docs.google.com/spreadsheets/d/1mpLbnxYnsNxdymunuVCLzJ-4vAdsqMpkURWwCUR7fdI/pubchart?oid=586368619&amp;format=interactive" width="600" height="371" frameborder="0" scrolling="no" seamless=""></iframe></p>
<p>Este mismo año, antes y después de la firma de la paz, <a href="http://www.aipazcomun.org/wp-content/uploads/2016/12/Colombia-PAZ...LIDERES-COMUNITARIOS-Y-ACT-DE-DDHH-ASESINADOS-EN-2016-284x300.jpg">más de 60 líderes sociales han sido asesinados</a>. Los fusiles de las FARC se silenciaron, pero persiste la eliminación de la diferencia por vía de las armas.</p>
<p>¿Cuál es entonces el papel de la educación y la pedagogía en la construcción de la paz en Colombia?<strong> La educación tiene una misión fundamental en Colombia: romper el ciclo de la violencia a través de la comprensión de la existencia del otro, un ser que existe y que ha sido sistemáticamente negado y perseguido.</strong> El reconocimiento de la propia historia, dentro del marco educativo, permitiría a su vez acercar lo que Armando Infante, profesor de la Universidad Santo Tomás, destaca: “La educación ayuda a alcanzar los objetivos de una etapa de posconflicto, mediante la inculcación de nuevos valores sociales y democráticos”. Esta debe ser la única apuesta para enfrentar la inercia de una guerra ciega que obliga a volver sobre los propios errores como una serpiente que se muerde su propia cola.</p>
<p><a href="https://milmagazine.org/author/jose-luis-ruiz-velasquez/">José Luis Ruiz Velásquez</a></p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/tribune/la-inercia-la-guerra-la-educacion-la-paz-las-farc-colombia/">La inercia de la guerra, la educación y la paz con las FARC en Colombia</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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		<title>Ivonne Guzmán: “La paz y la guerra son conceptos que se aprenden culturalmente”</title>
		<link>https://milmagazine.org/interviews/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Santiago Giraldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Jan 2017 19:00:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Interviews]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Educación para la paz]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Pedagogía de paz]]></category>
		<category><![CDATA[Proceso de paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Impulsora de propuestas para la paz, Guzmán defiende que la pedagogía contribuye a transformar un sistema de creencias y actitudes que requiere una sociedad para tratar sus conflictos por vías pacíficas</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/interviews/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/">Ivonne Guzmán: “La paz y la guerra son conceptos que se aprenden culturalmente”</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ivonne Guzmán Cifuentes</strong> trabajó durante varios años en la Corporación Observatorio para la Paz y en el Ministerio de Cultura en Colombia. Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Javeriana y Especialista en Desarrollo Humano, ha puesto en marcha iniciativas relacionadas con la cultura y la pedagogía para la paz en diferentes municipios colombianos. Ha trabajado en atención a comunidades en situación de vulnerabilidad y ha desarrollado estrategias educativas a partir de la innovación pedagógica. Su visión holística sobre la construcción de la paz a partir de un proceso educativo y cultural vincula la transformación pedagógica de largo plazo con la urgencia del trabajo con la ciudadanía ante la firma urgente de un acuerdo de paz en Colombia.</p>
<p><strong>¿Pedagogía de paz?</strong></p>
<p>Es un área de la educación y de la investigación para la paz que comprende la pedagogía como una herramienta de transformación del ser humano y de sus realidades sociales. Puede semejarse a la no violencia como una forma de acción política, social y cultural.</p>
<p><strong>¿Somos capaces de aprender la violencia?</strong></p>
<p>Sí, desde luego. La pedagogía de paz asume que tanto la paz como la guerra son conceptos y prácticas que se aprenden y tienen, sobre todo, un sustrato cultural.</p>
<p><strong>¿La pedagogía para la paz busca desaprender la violencia?</strong></p>
<p>La práctica de la pedagogía de paz implica la revisión y el trabajo sobre los imaginarios y representaciones sociales como prácticas colectivas que sustentan la construcción tanto de la paz como de la violencia.</p>
<p><strong>Una disciplina de estudio.</strong></p>
<p>El campo de acción de la pedagogía de paz parte de un referente antropológico del ser humano en esa relación existente entre la paz y la violencia y también desde las diferentes formas en las que nos educamos y realizamos los procesos educativos. Puede considerarse como una apropiación de aprendizajes, no solo interdisciplinares, sino también populares, culturales y comunitarios. Se trata de una formación integral de la persona para su realización en la sociedad.</p>
<blockquote><p>La pedagogía contribuye a transformar un sistema de creencias, valores, percepciones e incluso actitudes que requiere una sociedad en búsqueda de asumir y tratar sus conflictos por vías pacíficas</p></blockquote>
<p><strong>¿Qué papel juega la pedagogía?</strong></p>
<p>La pedagogía facilita encontrarle sentido a la paz y contribuye a transformar un sistema de creencias, valores, percepciones e incluso actitudes que requiere una sociedad en búsqueda de asumir y tratar sus conflictos por vías pacíficas.</p>
<p><strong>Con múltiples enfoques.</strong></p>
<p>Como en todo campo en las ciencias sociales, la pedagogía para la paz tiene diversos enfoques. Yo he trabajado desde una visión holística y compleja que reconoce las múltiples dimensiones que implica la construcción de la paz. Es la única manera de asumir un proyecto educativo de transformación.</p>
<p><strong>¿Cómo se aprende la paz?</strong></p>
<p>Es fundamental identificar la diferencia entre la paz, la violencia y el conflicto. El conflicto es connatural al ser humano y hay diferentes maneras de abordarlo. Podemos tramitarlo, resolverlo o expresarlo. Como el conflicto no siempre deriva en violencia, podemos entender que hay múltiples maneras de comprender y construir la paz.</p>
<p><strong>¿Aspiramos a una paz perfecta?</strong></p>
<p>Es imposible. Es necesario asumir que la paz es imperfecta o perfectible. No hay un único estado absoluto de paz, aunque en algunas culturas o expresiones más espirituales o religiosas se hable de un estado superior de conciencia.</p>
<p><strong>¿Qué podemos hacer en Colombia?</strong></p>
<p>En sociedades tan conflictivas como la colombiana, lo más importante es entender una reinterpretación del ser humano en su relación con los otros. Es fundamental, por ejemplo, fortalecer procesos y comportamientos que lleven a la empatía, a desarticular la centralidad histórica que tiene la violencia en nuestra construcción humana y como sociedad. Si desarticulamos las múltiples violencias que existen sobre todo en lo cotidiano, en lo local, se pueden tanto reconocer los elementos que alimentan un imaginario de la violencia como replantear esas mismas relaciones. Ahí está la clave del cambio, en desarmar los espíritus y las prácticas cotidianas.</p>
<blockquote><p>La pedagogía de paz ha identificado múltiples concepciones y visiones sobre la paz y ha demostrado que hay muchas formas de construirla</p></blockquote>
<p><strong>¿Hay alternativas creativas?</strong></p>
<p>Trabajé también algunos años ligada a procesos artísticos que favorecían nuevas formas de expresión del conflicto. Creo que el arte tiene un gran potencial para construir educación o cultura de paz. El arte permite desarticular una única visión del ser humano y ayuda a fortalecer o a renacer la creatividad que es connatural a la humanidad.</p>
<p><strong>¿Qué aportes ha realizado la pedagogía de paz en Colombia?</strong></p>
<p>Las organizaciones cercanas a la pedagogía de paz en Colombia han ayudado a redimensionar la paz. Han identificado múltiples concepciones y visiones sobre la paz al tiempo que han demostrado que hay muchas formas de construirla. Al mismo tiempo, creo que la pedagogía de paz ha ayudado a la construcción de una infraestructura básica sobre y para la paz como elemento central en la sociedad colombiana. Es un campo que se ha desarrollado mucho en sectores educativos y también en el mundo social y local. Por último, vale la pena resaltar el protagonismo que han logrado las víctimas en los últimos años. Sin esa infraestructura de paz este logro hubiera sido imposible.</p>
<p><strong>¿Las múltiples visiones no son más bien una complejidad añadida?</strong></p>
<p>En ciertas ocasiones como la actual coyuntura del proceso de paz es, sin duda, una problemática la falta de consenso y unidad sobre esa concepción de la paz, pero es muy importante el trabajo realizado para comprender que la paz va mucho más allá del silenciamiento de las armas. Es fundamental además comprender la paz de una manera contextualizada y diferenciada. En los últimos años también ha habido un posicionamiento de la diversidad en grupos específicos como las mujeres o el colectivo LGTBI. Reconocer esas identidades y esas diferencias es también un paso importante hacia la paz.</p>
<p><strong>¿El triunfo del “no” en el plebiscito sobre el acuerdo en Colombia obedeció a una falta de pedagogía sobre los pactos firmados con las FARC?</strong></p>
<p>Indudablemente sí, aunque es fundamental la distinción entre la pedagogía de paz y la pedagogía sobre el acuerdo. Hay un reto importante en explicar al ciudadano, de forma masiva, la dimensión de lo que significa construir paz, sobre todo en aquellos que no han sufrido la guerra en carne propia. La pedagogía sobre el acuerdo ha sido muy complicada porque parecía que corriéramos en tres tiempos: los tiempos de la política, los tiempos de los cambios culturales y los tiempos de los cambios estructurales. Un acuerdo sumamente técnico, que estuvo blindado para la opinión pública durante mucho tiempo, que ha significado un cambio drástico en la política colombiana al pasar de una paz negativa a una paz positiva… son elementos que hacen que la lectura del acuerdo –además de las 300 páginas– no sea nada fácil.</p>
<p><strong>¿Los tiempos tampoco ayudaron?</strong></p>
<p>Sin duda estos procesos de transformación ciudadana hacia la cultura de paz llevan tiempo y, en el caso de los acuerdos con las FARC, la implicación ciudadana para la refrendación de la firma del acuerdo fue relativamente corta.</p>
<p><strong>¿Poco tiempo y resultados sorpresivos?</strong></p>
<p>Ha sido muy difícil, en poco tiempo, articular en el mismo proyecto a las organizaciones sociales que de repente vieron una posibilidad real de asumir o vivir en el postconflicto. Sin embargo, fue muy esperanzador ver la movilización social una vez se conoció la derrota de la ratificación del acuerdo en el plebiscito. Ese gran diálogo nacional que se esperaba antes de la votación emergió a partir de los resultados inesperados y, ayudados por las voces y, de algún modo, las presiones de la comunidad internacional, se ha reactivado esa esperanza de estar un paso más cerca de la paz.</p>
<p><strong>¿Qué retos le quedan a Colombia en su búsqueda de la paz?</strong></p>
<p>Tenemos aún muchas barreras. Debemos trabajar sobre el dilema entre la paz territorial y el trabajo en lo nacional, una dicotomía muy presente y poco trabajada en los medios de comunicación. Aún tenemos pendiente también que el ciudadano pueda interesarse más por la paz y logre salir de la dicotomía entre la paz y la guerra, que deje de pensar que la paz no se limita al acuerdo con las FARC y que, por supuesto, ese acuerdo no puede resolver todos los temas estructurales que le interesan a la mayoría de colombianos.</p>
<p><strong>Hay muchos ciudadanos que no se convencerán nunca</strong></p>
<p>La paz implica un trabajo social en reconocer el papel que debe jugar la ciudadanía que no ha vivido la guerra.</p>
<blockquote><p>El papel de las universidades ha sido fundamental en su apoyo a los acuerdos, pero necesitan pasar del carácter técnico a la acción social</p></blockquote>
<p><strong>¿Cómo afrontan el problema las generaciones que están tan lejos del inicio de la violencia?</strong></p>
<p>Hay un reto muy importante en la recuperación de los procesos históricos del país porque tenemos una generación de votantes que vivieron en la última década con una guerra absolutamente posicionada pero que no tienen un conocimiento básico sobre el origen y las causas del conflicto armado en Colombia. Ha sido una generación educada por los medios masivos y que no ha recibido una explicación contextual adecuada para saber de qué conflicto hablamos.</p>
<p><strong>¿Son la generación que se emociona con las series de Netflix?</strong></p>
<p>Hay que quitar el morbo emocional de la guerra, de las grandes hazañas, capturas, y pasar del ámbito educativo a la acción social. Como colombianos necesitamos pensar no solamente en función de las víctimas sino sobre todo en la no repetición. Debemos entender además que este es sólo un acuerdo con un actor del conflicto sin olvidar que en los territorios están reposicionándose otros nuevos actores, como los neo paramilitares, y que los asesinatos a líderes sociales en los últimos meses son episodios que exigen una acción social contundente para limitar al máximo las prácticas que hacen retroceder cualquier iniciativa de paz.</p>
<p><strong>¿Qué papel juegan las Universidades en este proceso?</strong></p>
<p>El papel de las universidades ha sido fundamental en su apoyo a los acuerdos, pero necesitan pasar del carácter técnico a la acción social. Tanto ellas como las organizaciones sociales deben acompañar la implementación de los acuerdos, deben propiciar un diálogo de saberes para que la ciudadanía tenga en ellas una opción para comprender de forma objetiva lo que no entiende, lo técnico, y deben, sobre todo, fiscalizar, a través del diálogo, la acción y la información que los medios de comunicación producen y difunden sobre este y otros procesos de paz. Por último, necesitan pensar en nuevas formas de relación entre un estado tradicionalmente alejado de la ciudadanía y su propia sociedad.</p>
<p><strong>Tienen bastante tarea…</strong></p>
<p>Sí, y claro, es su deber transmitir y divulgar, ya que los medios no lo hacen, cómo un acuerdo de paz puede influir en mejorar la vida cotidiana de las personas, una estrategia que, curiosamente, funcionó muy bien en la campaña del “no”.</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/interviews/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/">Ivonne Guzmán: “La paz y la guerra son conceptos que se aprenden culturalmente”</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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		<title>Educación para la reconciliación</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tomás Durán]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Jan 2017 19:00:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Focus]]></category>
		<category><![CDATA[Acuerdo]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Educación para la paz]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Proceso de paz]]></category>
		<category><![CDATA[Semana de la paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La implementación de los acuerdos de desmovilización en Colombia firmados entre la guerrilla de las FARC y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos dependen hoy, en parte, del proceso de debate y producción legislativa logrado tras la aprobación de un segundo texto del acuerdo por parte del Congreso de la República. Tras el triunfo del [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La implementación de los <strong>acuerdos de desmovilización</strong> en Colombia firmados entre la guerrilla de las FARC y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos dependen hoy, en parte, del proceso de debate y producción legislativa logrado tras la aprobación de un segundo texto del acuerdo por parte del Congreso de la República. Tras el triunfo del ‘No’ en el primer intento de refrendación, el gobierno colombiano dio inicio a una <strong>ronda de renegociación</strong> en la que se buscó incorporar peticiones de los voceros más visibles de la oposición al escrito sometido a plebiscito.</p>
<p>El resultado de la <strong>reapertura del diálogo</strong> entre los equipos negociadores es un acuerdo más claro que incorpora mejoras sintácticas y precisiones que limitan las posibilidades de interpretación que abundaban en el primer acuerdo. Aún así, la nueva propuesta no convence al total de la ciudadanía. Por esta razón, el presidente de la república optó por validar lo (re)acordado frente al Congreso, gesto que no ha sido bien recibido por sectores de la oposición, que reclaman al gobierno someter el acuerdo a una nueva refrendación popular.</p>
<p>La Corte Constitucional, entre tanto, ha manifestado que la <strong>aprobación por parte del Congres</strong>o puede entenderse como un mecanismo de refrendación popular, lo que ha dado valor y vigencia al acto legislativo para la implementación de los acuerdos. El gobierno asegura así el mecanismo del <em>fast track,</em> que le permite disminuir a la mitad el tiempo para la aprobación de las leyes relacionadas con la implementación del acuerdo, y le entrega la última palabra ante cambios que se pretendan realizar a los proyectos de ley.</p>
<blockquote><p>Colombia ha dado un paso importante en la formulación de un acuerdo que desmoviliza a uno de los agentes más violentos de Latinoamérica</p></blockquote>
<p>En el escenario señalado subyacen <strong>retos</strong> para la implementación del acuerdo y la construcción de escenarios para la reincorporación social de los desmovilizados que requieren de herramientas que trascienden el apoyo o descontento de las partes. El malestar de algunos sectores es comprensible, es un acuerdo que se aprueba ‘rompiendo’ las reglas de juego convenidas, lo que demuestra la debilidad del aparato estatal colombiano en sus múltiples instancias, que han apoyado un segundo escenario de aprobación bastante discutible. Por su parte, el apoyo a las nuevas formas para la refrendación es igualmente comprensible. La ilusión y la apuesta por el cambio constriñen a buena parte de la ciudadanía a <strong>preferir el fondo sobre la forma</strong>. Colombia ha dado un paso importante en la formulación de un acuerdo que desmoviliza a uno de los agentes más violentos de Latinoamérica, lo cual se traduce en la <strong>necesidad de no perder lo abonado</strong> y buscar diferentes <strong>maneras cosechar los frutos de lo pactado</strong>.</p>
<h5>Los retos pendientes</h5>
<p>¿Pero cuáles son los retos de la implementación por fuera del escenario legislativo? Los <strong>retos</strong> tienen que ver con permitir hacer. Los acuerdos han sido firmados y refrendados. La Corte Constitucional ha dado luz verde al acto legislativo para la implementación del acuerdo; es tiempo entonces de <strong>concentrar las acciones en la sociedad</strong>, en arar y preparar el terreno para cosechar un resultado duradero.</p>
<blockquote><p>Es necesaria una educación incluyente en la que se respeten y destaquen los valores de integración y paz social</p></blockquote>
<p>La respuesta a la pregunta sobre cómo <strong>reinsertar social y económicamente a los guerrilleros desmovilizados</strong> nace en el derecho mismo de los ciudadanos a recibir –y en obligación del estado de garantizar– una <strong>educación incluyente</strong> en la que se respeten y destaquen los valores de <strong>integración</strong> y <strong>paz social</strong>. Los acuerdos llevarán a la <strong>amnistía general</strong> de los excombatientes, pero también a la obligación de confesar crímenes y colaborar en la reparación de víctimas, tanto de forma material como ayudando a reconstruir un pasado violento y doloroso en el que reside la razón más fuerte para buscar la reconciliación nacional: construir una paz desde la verdad.</p>
<p>No es un escenario sencillo y no tendría por qué serlo al tratarse de un agente que ha puesto gran parte de la violencia vivida en Colombia. Pero <strong>son más las ganancias y mucho mejor el porvenir</strong> al lograr una <strong>implementación plena de lo pactado</strong>. Las concesiones hechas a la guerrilla no solo tienen que ver con reducción de penas o la apertura de espacios políticos para su participación, las concesiones incluyen rescatar los esbozos ideológicos que quedaron en algunos de sus defensores, en buscar mejores oportunidades para el campo, en estimular los movimientos sociales populares, en buscar espacios para que sean escuchados y valorados y, sobre todo, respetados física e ideológicamente.</p>
<blockquote><p>Los acuerdos de desmovilización y la reconciliación no tienen futuro sino por medio de la formación y reinserción de miles de colombianos</p></blockquote>
<p>Se trata de un acuerdo nacional para la reconciliación y la búsqueda de espacios de convivencia que generen debate y garantías y, por tanto, decisiones producto de escenarios democráticos dotados de una necesaria institucionalidad. Sin embargo, ni el reto institucional ni el de hacer coincidir voluntades políticas son los más importantes: para que todo esto sea posible <strong>es necesario incluir en los programas educativos las temáticas derivadas de los acuerdos,</strong> conocer los procesos históricos detrás de la violencia y hacer énfasis en la importancia vital que un acuerdo como el logrado tiene para la construcción de un estado moderno y pluralista. A los contenidos hay que sumar el enorme reto de mejorar el acceso a la educación y su calidad; lograr que los sectores más vulnerables se empoderen por medio de la escuela y accedan a las oportunidades que ella puede generar. Los acuerdos de desmovilización y el intento del gobierno Santos por abrir la puerta hacia la reconciliación no tienen futuro sino por medio de la formación y reinserción de miles de colombianos al mundo de las oportunidades.</p>
<p>Lo logrado por el equipo negociador en La Habana tiene un valor inconmensurable para las generaciones venideras y es por ello que los procesos deben tener en cuenta a los más jóvenes. Los partidos y movimientos políticos fruto del acuerdo, incluso la presencia de las FARC en el Congreso, tienen un futuro incierto en un país que con razón se abstiene de perdonar sus atrocidades y de creer su promesa de cambio de las armas por el debate. No obstante, este escenario que genera un sinsabor en analistas y en buena parte de la sociedad puede vencerse si las generaciones futuras comprenden <strong>la importancia de este paso</strong> y si los movimientos y partidos políticos que se formen a futuro parten de la constatación de que <strong>la violencia no se puede justificar desde ninguna ideología</strong>.</p>
<p>La implementación y la plena realización de los propósitos de mejora social pactados hacen parte de un proyecto que, como el pasado reciente ha mostrado (como la constituyente que permitió la Constitución del 1991), puede generar garantías, mejoras y la construcción de un estado moderno, incluyente y, por defecto, con un anhelo de paz.</p>
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		<title>Colombia en el punto de mira</title>
		<link>https://milmagazine.org/focus/colombia-punto-mira/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Santiago Giraldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Jan 2017 19:00:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Focus]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Educación para la paz]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Proceso de paz]]></category>
		<category><![CDATA[Semana de la paz]]></category>
		<category><![CDATA[Starred]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El país ha sido el foco de atención durante los últimos meses: acuerdo de paz, referéndum, premio Nobel... En Aika dedicamos la semana a analizar el papel de la educación en la construcción de la paz </p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/focus/colombia-punto-mira/">Colombia en el punto de mira</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde hace más de 50 años, la <strong>guerra en Colombia</strong> ha causado más de 8 millones de víctimas. Un conflicto armado complejo y con múltiples intereses ha desgarrado millones de familias, cientos de pueblos e incluso decenas de departamentos. También ha dejado huellas imborrables en la memoria de la mayoría de los colombianos. A partir de la firma del <a href="http://www.acuerdodepaz.gov.co"><strong>acuerdo de paz</strong></a> con las FARC en los últimos meses de 2016, <strong>Colombia</strong> volvió a ocupar las portadas de diarios y a ser el centro de atención mundial. Esta vez no se trataba de otra gran masacre, ni de la detención de un gran capo del narcotráfico. Se trataba de la terminación, a través del diálogo, de una guerra, una de las muchas que tanta violencia han causado en el país latinoamericano.</p>
<p>Situada en el punto de mira internacional, que ya celebraba la culminación de los más de 60 años de la guerrilla más vieja de América, los colombianos, ante la incredulidad de la comunidad internacional, incluso tuvieron tiempo de decir: “un momento”. Desde el realismo mágico, una mayoría de colombianos, así fuera mínima, señaló que el acuerdo de paz firmado <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/02/colombia/1475420001_242063.html">no les convencía</a>. A pesar de la motivación de poner fin a la guerra con las FARC, muchos ciudadanos se manifestaron <strong>en contra del acuerdo</strong>.</p>
<p>No importaba que, en el punto de mira internacional, se mirara con extrañeza la decisión tomada democráticamente. Colombia ocupó de nuevo las portadas. No sería la última vez en el año. El <strong>galardón del <a href="http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37584044">Nobel de paz</a> </strong>llegó como una bocanada de aire fresco, como un escalón de apoyo para el presidente Juan Manuel Santos, quien estableció ese acuerdo de paz como la piedra angular de su doble mandato. A pesar de su resbalón, el Nobel alumbró un nuevo camino para un nuevo acuerdo, con mejores explicaciones y aclaraciones, entre el gobierno colombiano y las FARC.</p>
<blockquote><p><strong>Aika</strong> ofrece a partir de hoy una serie de reflexiones de diferentes colombianos que han analizado, trabajado o vivido directamente en el conflicto armado en Colombia</p></blockquote>
<p>Más allá de las portadas, la ciudadanía colombiana volvió a vivir un clima de tensión en sus calles, en sus casas. El espacio de división social que tanto ha marcado la historia del país volvió a ser evidente. Estar a favor o en contra del acuerdo de paz situaba a quien defendía su posición en extremos que rememoraban los terribles años de La Violencia o de las diferentes guerras sucias entre traficantes, paramilitares, guerrillas y bandas criminales. Poco había aprendido el país en el medio siglo de guerra. Es una situación aún palpable en muchos discursos de los ciudadanos colombianos.</p>
<p><strong>Aika</strong> ofrece a partir de hoy una serie de <a href="https://milmagazine.org/entrevistas/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/">entrevistas </a>y reflexiones de diferentes colombianos que han analizado, trabajado o vivido directamente en el conflicto armado en Colombia. Los vaivenes del acuerdo de finalización del conflicto entre el gobierno colombiano y las FARC dan pie para pensar sobre el <a href="https://milmagazine.org/tendencias/educacion-la-reconciliacion/"><strong>papel de la educación</strong></a> en la construcción tanto del imaginario de la guerra como del <a href="https://milmagazine.org/el-recreo/la-guerra-no-juego-ninos-nomasviolencia/">imaginario de la paz</a>. Al mismo tiempo, invita a reconstruir el concepto de paz desde un significado amplio no ligado ni a una ideología ni a una disciplina específica.</p>
<p>Aproximaciones desde la música, la historia, los derechos humanos o la politología invitan a pensar en la <strong>paz en Colombia</strong> desde múltiples aristas. Aunque el acuerdo llegue a feliz término, como así ha sido a partir de la ratificación del mismo por el Congreso de la República de Colombia y de la aprobación de la ley de amnistía para las FARC, la implementación de los mismos debe respaldarse por toda la ciudadanía. Los textos recogidos intentan impulsar esa vinculación social con la construcción de una<strong> paz social, estable y duradera</strong> y realizan invitaciones para que diferentes actores sociales y políticos apuesten por el camino de la reconciliación nacional a partir del reconocimiento histórico de la diversidad.</p>
<p>Colombia vuelve al punto de mira, pero sólo como espacio analítico de construcción de posibilidades de postconflicto.</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/focus/colombia-punto-mira/">Colombia en el punto de mira</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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