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	<title>Santiago Giraldo, autor en MIL Magazine</title>
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	<title>Santiago Giraldo, autor en MIL Magazine</title>
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		<title>“El fútbol no es ir detrás de una pelota, sino ir detrás de un sueño”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Santiago Giraldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jan 2018 11:35:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El fútbol como excusa. Excusa de aprendizaje y de transmisión de valores educativos. Excusa de construcción de comunidad. Un sueño casi imposible para casi 50 niños y niñas de una muy pequeña población colombiana cercana a Bogotá. Ellos son los “Embajadores de Fagua”, los representantes de una comunidad rural que se organizó y logró reunir [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El fútbol como excusa. Excusa de aprendizaje y de transmisión de valores educativos. Excusa de construcción de comunidad. Un sueño casi imposible para casi 50 niños y niñas de una muy pequeña población colombiana cercana a Bogotá. Ellos son los “Embajadores de Fagua”, los representantes de una comunidad rural que se organizó y logró reunir cerca de 60 millones de pesos (más de 17.000 euros) para que sus hijos cumplieran un sueño, conocer el mar.</p>
<p><iframe src="https://www.youtube.com/embed/jXfUW5IWozw" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>Viajar. Desde Fagua, a 10 kilómetros al norte de Bogotá. Esperaron a fin del año 2017 para salir a vacaciones del colegio. Contaron los días para que llegara diciembre. Fueron en bus a la capital del país para luego tomar un avión por primera vez en sus vidas. Un avión con destino a la isla de San Andrés, en el caribe colombiano, a más de 1200 kilómetros de distancia. Tenían la excusa de asistir a un campeonato de fútbol, pero no les importaba perder, ya habían salido campeones.</p>
<p>El fútbol ha sido la excusa para que la comunidad de Fagua se organizara en el proyecto educativo Escuela Deportiva MG-Nutriarte. Sin embargo, ningún niño habla de resultados deportivos. Ellos siempre destacan los valores que se transmiten en la construcción de un proyecto colectivo, donde muchos haciendo poco son capaces de hacer más cosas que pocos haciendo mucho. Es la filosofía del <em>crowdsourcing</em>, pero aplicada a las comunidades de base. Nunca falla.</p>
<p>Un proceso educativo liderado por cinco profesores y diez padres de familia, quienes alimentaron la participación de la comunidad. Concursos de cometas, bingos, comidas comunitarias. A lo largo de casi seis meses, la población organizó actividades en las que los mismos niños y niñas, sus padres y profesores unían esfuerzos para recoger los recursos necesarios que les permitieran para cumplir su propio sueño.</p>
<blockquote><p>Ningún niño habla de resultados deportivos. Ellos destacan los valores que se transmiten en un proyecto colectivo, donde muchos haciendo poco son capaces de hacer más que pocos haciendo mucho.</p></blockquote>
<p>La Escuela Deportiva MG-Nutriarte, además de alcanzar triunfos en diferentes competiciones, alimenta la transmisión de valores a través de proyectos en los que las niñas y niños asumen sus propias responsabilidades. Son ellos quienes definen las reglas y sus compromisos en función de los objetivos colectivos. La Escuela, a su vez, realiza un acompañamiento a las niñas para construir un entorno adecuado de desarrollo. No se trata sólo de estar un rato ocupado y de practicar un deporte, sino de construir un refuerzo comunitario para que el niño se sienta partícipe de la comunidad.</p>
<p>Adriana Junca, que hace parte del comité de padres de la Escuela, insiste en que “el proyecto pretende trabajar en las necesidades de los niños y niñas, en identificarlas y en hablar con ellos para poder ayudarlos. Cada uno es muy diferente y queremos escucharlos, darles apoyo moral, un refuerzo escolar y fijarnos en ellos como seres humanos y en las necesidades que tienen”.</p>
<p>Los niños y niñas, en su sueño, conocieron el mar y adquirieron, con “el fútbol como excusa”, como señala Gelber Alfonso, profesor de la Escuela, uno de sus mejores aprendizajes a partir del viaje. En el viaje colaborativo que realizaron, financiado por el trabajo de su comunidad, también se acordaron del fútbol y compitieron. Ganaron dos de los tres partidos que jugaron y quedaron campeones de sus metas.</p>
<p>Héctor Cabezas, entrenador del Soccer SAI, uno de los equipos con los que disputaron el torneo, también reconocía la labor: “Yo los invito a que sigan la formación. Es un claro ejemplo de que el fútbol es un medio que puede ayudar a los niños y niñas a convertirse en personas. El fútbol no es ir detrás de una pelota, sino ir detrás de un sueño”.</p>
<p>Los niños calificaron la experiencia con diez puntos y ahora sueñan en serio. “El próximo torneo va a ser… fuera del país, por ahí en Argentina, en Perú… hasta podría ser en Europa ¿Quién sabe?”.</p>
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		<title>Verdades y mentiras. Un diálogo de fin y principio de siglo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Santiago Giraldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Nov 2017 12:06:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Aprendizaje]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>París, fin de siglo XIX. El Museo Guggenheim de Bilbao recoge, en un verano agitado que descubre también los veinte años de la obra arquitectónica de Frank Gehry, custodiada por el Puppy de Jeff Koons, los círculos íntimos de los movimientos artísticos guiados por las ideas y paletas de Signac, Redon y Toulouse-Lautrec. La revolución [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>París, fin de siglo XIX. El <a href="https://www.guggenheim-bilbao.eus/?_ga=2.99327774.1839259072.1511264747-389082373.1511264747">Museo Guggenheim de Bilbao</a> recoge, en un verano agitado que descubre también los veinte años de la obra arquitectónica de Frank Gehry, custodiada por el Puppy de Jeff Koons, los círculos íntimos de los movimientos artísticos guiados por las ideas y paletas de Signac, Redon y Toulouse-Lautrec. La revolución industrial sacude la sociedad francesa y dos hechos traumáticos irrumpen en la vida parisina. Los Lumière impactan a su audiencia con una realidad proyectada y su visión es tecnificada por Georges Méliès, el ilusionista. Al pie de la ilusión técnica, la prensa nace para transmitir los crímenes, los delitos, los accidentes, las tragedias. El cambio social y económico es histérico. Suicida.</p>
<figure id="attachment_5994" aria-describedby="caption-attachment-5994" style="width: 429px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/1-1.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-5994" src="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/1-1.jpg" alt="" width="429" height="341" srcset="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/1-1.jpg 429w, https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/1-1-300x238.jpg 300w" sizes="(max-width: 429px) 100vw, 429px" /></a><figcaption id="caption-attachment-5994" class="wp-caption-text">Saint-Tropez, Fontaine des Lices (1895). Paul Signac. Colección particular. Fotografía recuperada de la exposición París, fin de siglo.</figcaption></figure>
<p><em>Los nenúfares</em> de Monet inaugura la sala 1. La teoría de la percepción del color, de la luz, el cientificismo, se retrata en el divisionismo que encabeza Signac y que salta a palestra en la última Exposición Impresionista de París (1886). Pissarro relata el campo, en el inicio de su abandono industrial, a través de un rebaño de ovejas idílico que se asume como crítica al cambio, a la modernidad  que destroza la vida. Seurat se asienta sobre paisajes de barcas en bahías calmadas, mientras Luce, con tonos y trazos más oscuros, densos, se acerca a la ciudad, a la multitud, a las fábricas que tiñen de humo los paisajes claros y quedos de Signac. El neoimpresionismo se descubre en un espacio de confluencia del anarcosocialismo y del anarcocomunismo, como una coincidencia de izquierdas que reflejan al trabajador del olvido. Extinto ¿Una mentira? ¿Una verdad? El reflejo de la luz, como puntos, píxeles, es construido sobre la distancia entre la realidad del lienzo y las calles de París, convulsas. Entre cada punto que conforma la imagen y las crónicas rojas de los diarios. El color da pie para crear la mentira que refleja la realidad. El pincel de Henri-Edmond Cross se satura para hacer emocional su obra, de realidad neoimpresionista.</p>
<figure id="attachment_5995" aria-describedby="caption-attachment-5995" style="width: 427px" class="wp-caption alignright"><a href="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/2.jpg"><img decoding="async" class="size-full wp-image-5995" src="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/2.jpg" alt="" width="427" height="308" srcset="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/2.jpg 427w, https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/2-300x216.jpg 300w" sizes="(max-width: 427px) 100vw, 427px" /></a><figcaption id="caption-attachment-5995" class="wp-caption-text">Caseta festiva en la semana grande de Bilbao. Fotografía de ElDiario.es</figcaption></figure>
<blockquote><p>El Guggenheim es el escenario de la reconversión, su piedra angular. El renacer de un verde antes cerrado a las pinturas impresionistas.</p></blockquote>
<p>Más de 100 años después, Bilbao recrea ahora el paso del tiempo y mira con recelo a su pasado industrial, a su ría cubierta de barcos pesados y cargados de metales. El Guggenheim es el escenario de la reconversión, su piedra angular. El renacer de un verde antes cerrado a las pinturas impresionistas, críticas que rememoraban los trabajos manuales, campesinos. ¿Quién mentía sobre la vida? La industria y su desarrollo, condenado por Pissarro y Signac, profetas, como sus compañeros de la sala 3. El Bilbao de fiestas, de su semana grande, de un Bilbao verde, adornado de noria, luces, bingos y txosnas (casetas festivas), grita en letras rojas en un escaparate: “¡Ni dios, ni amo!”. La caseta, que vende a Jesús en trozos –solomillos, muslos, paletillas- bajo el símil de la “carnicería vaticana”, es censurada por la Iglesia y por el juzgado de instrucción número 3. La expresión urbana logra su cometido de salir en todos los medios. Las noticias de París de fin de siglo, transformadas. Ya no como fenómeno de histeria, sino como signo de existencia. Existir. Estar en los medios, en las tertulias. ¿Quién miente? ¿Acaso lo hacen las letras rojas de pintura sobre el mesón de la carnicería? La expresión popular no suele mentir. Como no mintieron los neoimpresionistas, cuya puerta de entrada es el nenúfar, de Monet.</p>
<figure id="attachment_5996" aria-describedby="caption-attachment-5996" style="width: 384px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/3.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-5996" src="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/3.jpg" alt="" width="384" height="568" srcset="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/3.jpg 384w, https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/3-203x300.jpg 203w" sizes="auto, (max-width: 384px) 100vw, 384px" /></a><figcaption id="caption-attachment-5996" class="wp-caption-text">La pequeña lavandera (1896). Pierre Bonnard. Colección particular. Fotografía recuperada de la exposición París, fin de siglo.</figcaption></figure>
<p>El diálogo se encuentra, en la sala 2, con el simbolismo, ese círculo artístico que se inicia literariamente con Jean Moras en 1886. Su mundo deja de ser el real, el academicista, científico, incapaz de describir los males de la sociedad moderna. El paisaje es ahora psicológico. Reconstruido sobre la verdad hacia una mentira. Aunque parte de la naturaleza como fuente, la verdad, la intención es construir una imagen bella, que llegue al alma, la mentira. El cine marca su impronta en la pintura y Maurice Denis, así como Odilon Redon recurren a la simbología trascendente, a la representación imaginaria ausente de materialismo. Si antes hay profetas no declarados, la sala 3 encuentra a los nabis (profetas, en hebreo), como verdad declarada. La vanguardia cultural y artística retoma a la pintura como crónica social para hacer un frente de batalla. Luchan por sacar el arte de la élite, batalla perdida. La realidad social concentrada en <em>La pequeña lavandera</em> de Pierre Bonnard -¿profeta acaso de la denuncia del trabajo infantil y femenino?- tiene más poder que los relatos crónicos de la prensa. No hay grabados más verídicos que los de Félix Vallotton para denunciar el papel -y el papel escrito- de los diarios de sucesos. Una batalla de verdades. Publicitadas. ¿La prehistoria de la <em>posverdad</em> mediática? La mentira más grande jamás contada. Sin arte.</p>
<blockquote><p>En las nuevas formas de contar, de narrar una versión del mundo, de un salto de siglo convulso, el arte se convierte en profeta de lo social</p></blockquote>
<p>La mediatización artística-publicitaria se acerca con el cartelismo de Toulouse-Lautrec. Atracción. La ciudad dinámica y creativa en el umbral del siglo XXI entra de lleno en la modernidad. La estampa japonesa influye sobre las líneas y los contornos de encuadres simples, con escasos colores. El arte se pasea en carteles en la calle, y sigue su camino como una crítica que apunta de lleno al arte académico. En las nuevas formas de contar, de narrar una versión del mundo, de un salto de siglo convulso, el arte se convierte en profeta de lo social. El mundo no cambia. En su verdad, la colección Alicia Koplowitz, del Museo de Bellas artes de Bilbao, recupera a Toulouse-Lautrec previo a su cartelización. La lectora (1889) se convierte en el realismo mágico de su profecía.</p>
<figure id="attachment_5997" aria-describedby="caption-attachment-5997" style="width: 332px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/4.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-5997" src="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/4.jpg" alt="" width="332" height="382" srcset="https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/4.jpg 332w, https://milmagazine.org/wp-content/uploads/2017/11/4-261x300.jpg 261w" sizes="auto, (max-width: 332px) 100vw, 332px" /></a><figcaption id="caption-attachment-5997" class="wp-caption-text">La lectora. Henri de Toulouse-Lautrec. Colección Alicia Koplowitz. Foto recuperada de Pinterest</figcaption></figure>
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		<title>Nuestra responsabilidad compartida de una delincuencia mediática</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Santiago Giraldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Jan 2017 16:22:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Acuerdo de paz]]></category>
		<category><![CDATA[Alfabetización mediática]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No ha sido nada fácil comprender cómo la sociedad colombiana rechazó, así fuera por la mínima, la posibilidad de llegar a un acuerdo de paz, imperfecto, con las FARC. Por más de que el acuerdo haya sido posteriormente aprobado por el poder constituido —y representativo, según la Corte Constitucional—, no deja de sorprender ese rechazo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>No ha sido nada fácil comprender cómo la sociedad colombiana rechazó, así fuera por la mínima, la posibilidad de llegar a un <strong>acuerdo de paz</strong>, imperfecto, con las FARC. Por más de que el acuerdo haya sido posteriormente aprobado por el poder constituido —y representativo, según la Corte Constitucional—, no deja de sorprender ese rechazo a lo que podría entenderse como el principio del fin de la guerra en Colombia. Del principio. No del fin, una tarea que excede por obvias razones a ese acuerdo rechazado por la “mitad más uno” de los votantes del plebiscito.</p>
<p>A partir de la proliferación de mensajes en los medios de comunicación, ya no sólo televisivos, y luego de intentar establecer discusiones desapasionadas con algunos de los opositores del acuerdo, parece oportuno realizar un llamado de atención ante el acto casi automático que realiza una gran parte del mundo conectado a las redes y que determinó, sin duda, una buena parte del estado de opinión de la sociedad colombiana durante la campaña del plebiscito: la <strong>replicación de mensajes falsos, mentirosos, tergiversados, malintencionados y poco explorados</strong> por las mismas personas que lo comparten, retuitean o distribuyen por sus grupos de Facebook, Twitter o WhatsApp.</p>
<blockquote><p>La actitud de una ciudadanía crítica ante su oportunidad de refrendar un acuerdo de paz no puede permitirse cometer los mismos errores que los medios de comunicación cuando engañan o mienten</p></blockquote>
<p>La actitud de una <strong>ciudadanía crítica</strong> ante su oportunidad —quizás única— de refrendar un acuerdo de paz no puede permitirse cometer los mismos errores que se reprochan a los medios masivos de comunicación cuando engañan o mienten a su audiencia. La crítica sobre la credibilidad de los medios parece obviarse o eliminarse cuando se trata de un vídeo, fotografía, audio o texto que, sólo por el hecho de conectar con una idea preestablecida en nuestro sistema de creencias, es compartida, retuiteada, de forma tanto consciente como automática y que busca, asimismo, una conexión con su propia audiencia, pequeña generalmente, a la que va dirigida: sus amigos de Facebook, sus seguidores de Twitter, sus grupos de WhatsApp.</p>
<p>Por eso mismo resulta muy curioso que, en el momento en el que algún miembro de sus círculos cercanos rompe esa conexión con el sistema aparentemente compartido de creencias o pensamientos —y genera un interrogante sobre el mensaje transmitido: ¿quién ha producido la información? ¿con qué interés? ¿qué fuentes ha utilizado? ¿en qué año fue realizado y documentado? ¿qué contexto informativo determina la veracidad del mensaje? — se establece una batalla campal que normalmente acaba con la reducción de toda lógica argumental a caricaturas binarias de asociaciones descalificativas en contra de un adversario. Ya no se trata de un contacto cercano, de un familiar o amigo, ni siquiera de un “otro” con el que se discute en un intercambio de argumentos. Ese <strong>cuestionamiento sobre el mensaje</strong>, que rompe la dinámica de tranquilidad mental asumida y estable, es el enemigo a aniquilar, a ridiculizar a través de la adjetivación fácil y maniquea: castro-chavista, comunista, fariano…</p>
<p>La politóloga colombiana experta en temas de paz y seguridad, Viviana García, establecía en sus redes sociales una versión “a la criolla” de la Ley de Godwin, según la cual a medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a 1. En el caso de la campaña del plebiscito sobre el acuerdo entre el Estado colombiano y las FARC la aplicación de la Ley enuncia que a medida que la discusión se alarga —y los argumentos se acaban— la probabilidad de que se mencione al castro-chavismo, a Maduro, a Cuba o a Venezuela, tiende a 1.</p>
<p>En un afán por desmontar los falsos vídeos que circulan por internet no resulta difícil comprobar la autenticidad y la coherencia de los discursos. En diferentes publicaciones los textos que titulan o reseñan las informaciones supuestamente contenidas en vídeos “impactantes” no tienen nada que ver con las declaraciones de los vídeos mismos. ¿Quienes comparten los vídeos realmente los han visto con atención? ¿Han descubierto ellos mismos que no son “impactantes”? Resulta fácil preguntarse sobre el año de producción de los vídeos a partir de la calidad de las imágenes, de los decorados, hasta de las ropas o que usan los protagonistas. <strong>¿Están contextualizados adecuadamente los vídeos y responden a las condiciones actuales del conflicto colombiano?</strong> Ante tantas y diferentes etapas del conflicto armado en Colombia, un vídeo, una información descontextualizada, sacada de los archivos, no puede más que hacer daño a los procesos de paz que son absolutamente frágiles y llenos de obstáculos.</p>
<p>Pareciera como si después de 60 años de conflicto armado la sociedad colombiana no hubiese aprendido que la intolerancia y el odio difundido por cualquier tipo de <strong>medio de comunicación</strong> y soportado en información tergiversada únicamente genera división y polarización.</p>
<p>La aprobación del acuerdo por el Congreso de la República tampoco ha sanado la disputa y la polarización evidenciada en el resultado del plebiscito. Asimismo, la desinformación y la construcción de mensajes que construyen falsos imaginarios sobre las consecuencias de la aplicación del acuerdo, sólo agregan más tensión en esa sociedad colombiana dividida y fuertemente polarizada.</p>
<blockquote><p>La construcción de la paz necesita de un sentido crítico sobre la información recibida que impida la generación de falsas expectativas</p></blockquote>
<p>Es imposible pensar que exista algún colombiano que no quiera la paz. Pero su construcción necesita de un <strong>sentido crítico</strong> sobre la información recibida que impida la generación de falsas expectativas y, sobre todo, el posicionamiento de falsas consecuencias y asociaciones que conllevan la implementación de los acuerdos. Asumir un sentido crítico frente a la información que se recibe y, sobre todo, que se comparte y difunde, es fundamental para aportar al desarme emocional que el acuerdo de paz ha generado.</p>
<p>Esa <strong>mirada crítica</strong> sobre la información es un camino necesario para dar un paso adelante en el reconocimiento de la diferencia. En Colombia, la diferencia ha sido siempre excluida, sepultada. El acuerdo de paz firmado con las FARC es una oportunidad para generar un <strong>proceso de inclusión político y social</strong> de una diferencia histórica, tradicionalmente excluida, en Colombia. La visión del otro y la construcción de consensos sociales a través del diálogo argumentado, sin reduccionismos ni explicaciones binarias, es el único camino que puede seguirse para reconstruir una paz social en Colombia.</p>
<p>Por último, si la sociedad colombiana no confía en sus instituciones, tampoco dará el salto necesario para convertirse en un estado moderno. Pensar —y creer— que con el acuerdo de paz las FARC instaurarán en Colombia un régimen político diferente al actual, es pensar que las instituciones colombianas no tienen un procedimiento representativo garantizado por la Constitución y las leyes vigentes, que el Estado colombiano no cuenta con un sistema de reparto electoral adecuado y, que, por tanto, los colombianos somos absolutamente miopes porque hemos vivido con ese sistema político al menos desde 1991. Y dado el supuesto, a pesar de que no hemos hecho nada por cambiarlo, tampoco queremos que una nueva fuerza política —ya no armada— lo transforme.</p>
<p><a href="https://milmagazine.org/author/santiago-giraldo/">Santiago Giraldo Luque</a></p>
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		<title>La universidad colombiana: en pie de lucha por la paz</title>
		<link>https://milmagazine.org/focus/la-universidad-colombiana-pie-lucha-la-paz/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Santiago Giraldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Jan 2017 17:47:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Las instituciones de educación superior de Colombia han tenido un papel activo y comprometido en el proceso y acuerdo de paz dando soporte a las víctimas y contribuyendo en la negociación</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/focus/la-universidad-colombiana-pie-lucha-la-paz/">La universidad colombiana: en pie de lucha por la paz</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>A través de diferentes iniciativas y proyectos, la universidad colombiana ha asumido el reto de apoyar los procesos de <strong>paz</strong> desarrollados entre el gobierno y las guerrillas de las FARC y el ELN. Las iniciativas del <a href="http://pensamiento.unal.edu.co/cp-paz/">Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz</a>, de la Universidad Nacional de Colombia, la creación del programa “Educación para la convivencia, reconciliación, derechos humanos, cultura de paz y post conflicto en Colombia”, de la Universidad del Valle, o los proyectos del Centro de Estudios para la Paz y la Convivencia, son tres ejemplos de cómo las instituciones de educación superior se han comprometido con la construcción de una paz firme y duradera.</p>
<p>Los proyectos de divulgación y los centros de pensamiento han aportado tres tipos de sustento que son vitales para la nueva etapa de desarrollo del postconflicto en Colombia. El primero de ellos está centrado en dar soporte y en hacer visibles a las víctimas del conflicto armado en Colombia. Iniciativas como la realizada por el canal de televisión universitario <a href="http://www.zoomcanal.com.co/">ZOOM</a>, en conjunto con el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y la Asociación Colombiana de Actores (ACA), en la que se presentan <strong><a href="https://milmagazine.org/el-recreo/cuerpo-fue-territorio-guerra-nomasviolencia/">50 testimonios de víctimas del conflicto armado</a></strong> narrados por actores colombianos, reconstruyen las vivencias de miles de colombianos afectados por la violencia y ayudan a reconstruir una memoria colectiva necesaria para no olvidar los horrores de una guerra.</p>
<p>En el caso de las <strong>víctimas</strong>, el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz, también generó una serie de discusiones y <a href="http://pensamiento.unal.edu.co/cp-paz/publicaciones/policy-papers/">documentos de política pública</a> que ha ayudado a dar ideas que alimentaron de forma constante la mesa de diálogos de La Habana.</p>
<p>El segundo aporte básico que realizan las universidades para fortalecer la <strong>negociación</strong> y, ahora, la<strong> implementación de los acuerdos</strong>, es la divulgación de opiniones, reflexiones y proyectos de participación ciudadana que responden a la movilización social favorable a la paz. El canal universitario nacional ZOOM, conformado por 41 instituciones de educación superior y apoyado por los Ministerios de las Comunicaciones y la Información, de Cultura y de Educación, ha promovido a través de sus emisiones el desarrollo de los cabildos abiertos como una forma de participación municipal para dar soporte a la paz. En los cabildos los ciudadanos pueden generar deliberaciones y demostrar, mediante procesos más consensuales, su apoyo a la paz.</p>
<p><iframe loading="lazy" src="https://www.youtube.com/embed/PuaM9cGETok?list=PLF6Z7C8NX4zm_eLTyTy7nk_ZJrLoJ7hTn" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>Este tipo de divulgación activa a través del canal universitario se enmarca dentro de una temática específica del canal: “<strong>Colombia y la Paz</strong>”, un tema clave de actualidad dentro del cual se han emitido otros vídeos de interés como las opiniones ciudadanas sobre el premio Nobel de paz otorgado al presidente Juan Manuel Santos, las declaraciones de los presidentes de El Salvador y Costa Rica que acompañan el proceso de paz, la emisión de un Foro de Paz organizado por el Centro de Estudios para la Paz y la Convivencia, o la entrevista realizada al presidente Santos algunos días antes de la firma del primer Acuerdo de Paz en Cartagena.<br />
<iframe loading="lazy" src="https://www.youtube.com/embed/N-6HgEHumlY?list=PLF6Z7C8NX4zm_eLTyTy7nk_ZJrLoJ7hTn" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>Una última tarea relacionada con la labor universitaria en su función de respaldo a los impulsos sobre la paz en Colombia, tiene que ver con su papel de <strong>“traductor” de las negociaciones</strong>, acuerdos, leyes y demás documentos técnicos que resultan de difícil comprensión para una buena parte de la ciudadanía. Las universidades, y su cuerpo docente e investigador, han realizado foros, congresos y conferencias orientadas a la difusión y explicación de las conversaciones y de los acuerdos y participa activamente en diferentes medios de comunicación.</p>
<p>Profesores como Alejo Vargas Velásquez, Director del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz y reconocido como uno de los 10 mejores líderes en Colombia en 2015 por “facilitar que los aportes de la sociedad civil lleguen como insumos a los diálogos en La Habana”, realiza una <a href="http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/acuerdo-refrendado-viene-la-implementacion-FF5502373">labor constante de divulgación</a>, junto con su grupo de trabajo en la Universidad Nacional, para promover una pedagogía activa de los acuerdos y del proceso general de negociación.</p>
<p>En cualquier caso, <a href="https://milmagazine.org/entrevistas/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/">como señala la experta en desarrollo humano, Ivonne Guzmán</a>, es necesario que la labor de la universidad como explicadora de los asuntos técnicos y como <strong>desmitificadora de las mentiras transmitidas por los medios masivos de comunicación y las redes sociales</strong>, sea aún más efectiva, constante y efectiva. Ya que los medios no lo hacen, señala Guzmán, las “universidades deben comunicar cómo un acuerdo de paz puede influir en mejorar la vida cotidiana de las personas, una estrategia que, curiosamente, funcionó muy bien en la campaña del No”.</p>
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		<title>Ivonne Guzmán: “La paz y la guerra son conceptos que se aprenden culturalmente”</title>
		<link>https://milmagazine.org/interviews/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Santiago Giraldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Jan 2017 19:00:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Interviews]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Educación para la paz]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Pedagogía de paz]]></category>
		<category><![CDATA[Proceso de paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Impulsora de propuestas para la paz, Guzmán defiende que la pedagogía contribuye a transformar un sistema de creencias y actitudes que requiere una sociedad para tratar sus conflictos por vías pacíficas</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/interviews/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/">Ivonne Guzmán: “La paz y la guerra son conceptos que se aprenden culturalmente”</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ivonne Guzmán Cifuentes</strong> trabajó durante varios años en la Corporación Observatorio para la Paz y en el Ministerio de Cultura en Colombia. Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Javeriana y Especialista en Desarrollo Humano, ha puesto en marcha iniciativas relacionadas con la cultura y la pedagogía para la paz en diferentes municipios colombianos. Ha trabajado en atención a comunidades en situación de vulnerabilidad y ha desarrollado estrategias educativas a partir de la innovación pedagógica. Su visión holística sobre la construcción de la paz a partir de un proceso educativo y cultural vincula la transformación pedagógica de largo plazo con la urgencia del trabajo con la ciudadanía ante la firma urgente de un acuerdo de paz en Colombia.</p>
<p><strong>¿Pedagogía de paz?</strong></p>
<p>Es un área de la educación y de la investigación para la paz que comprende la pedagogía como una herramienta de transformación del ser humano y de sus realidades sociales. Puede semejarse a la no violencia como una forma de acción política, social y cultural.</p>
<p><strong>¿Somos capaces de aprender la violencia?</strong></p>
<p>Sí, desde luego. La pedagogía de paz asume que tanto la paz como la guerra son conceptos y prácticas que se aprenden y tienen, sobre todo, un sustrato cultural.</p>
<p><strong>¿La pedagogía para la paz busca desaprender la violencia?</strong></p>
<p>La práctica de la pedagogía de paz implica la revisión y el trabajo sobre los imaginarios y representaciones sociales como prácticas colectivas que sustentan la construcción tanto de la paz como de la violencia.</p>
<p><strong>Una disciplina de estudio.</strong></p>
<p>El campo de acción de la pedagogía de paz parte de un referente antropológico del ser humano en esa relación existente entre la paz y la violencia y también desde las diferentes formas en las que nos educamos y realizamos los procesos educativos. Puede considerarse como una apropiación de aprendizajes, no solo interdisciplinares, sino también populares, culturales y comunitarios. Se trata de una formación integral de la persona para su realización en la sociedad.</p>
<blockquote><p>La pedagogía contribuye a transformar un sistema de creencias, valores, percepciones e incluso actitudes que requiere una sociedad en búsqueda de asumir y tratar sus conflictos por vías pacíficas</p></blockquote>
<p><strong>¿Qué papel juega la pedagogía?</strong></p>
<p>La pedagogía facilita encontrarle sentido a la paz y contribuye a transformar un sistema de creencias, valores, percepciones e incluso actitudes que requiere una sociedad en búsqueda de asumir y tratar sus conflictos por vías pacíficas.</p>
<p><strong>Con múltiples enfoques.</strong></p>
<p>Como en todo campo en las ciencias sociales, la pedagogía para la paz tiene diversos enfoques. Yo he trabajado desde una visión holística y compleja que reconoce las múltiples dimensiones que implica la construcción de la paz. Es la única manera de asumir un proyecto educativo de transformación.</p>
<p><strong>¿Cómo se aprende la paz?</strong></p>
<p>Es fundamental identificar la diferencia entre la paz, la violencia y el conflicto. El conflicto es connatural al ser humano y hay diferentes maneras de abordarlo. Podemos tramitarlo, resolverlo o expresarlo. Como el conflicto no siempre deriva en violencia, podemos entender que hay múltiples maneras de comprender y construir la paz.</p>
<p><strong>¿Aspiramos a una paz perfecta?</strong></p>
<p>Es imposible. Es necesario asumir que la paz es imperfecta o perfectible. No hay un único estado absoluto de paz, aunque en algunas culturas o expresiones más espirituales o religiosas se hable de un estado superior de conciencia.</p>
<p><strong>¿Qué podemos hacer en Colombia?</strong></p>
<p>En sociedades tan conflictivas como la colombiana, lo más importante es entender una reinterpretación del ser humano en su relación con los otros. Es fundamental, por ejemplo, fortalecer procesos y comportamientos que lleven a la empatía, a desarticular la centralidad histórica que tiene la violencia en nuestra construcción humana y como sociedad. Si desarticulamos las múltiples violencias que existen sobre todo en lo cotidiano, en lo local, se pueden tanto reconocer los elementos que alimentan un imaginario de la violencia como replantear esas mismas relaciones. Ahí está la clave del cambio, en desarmar los espíritus y las prácticas cotidianas.</p>
<blockquote><p>La pedagogía de paz ha identificado múltiples concepciones y visiones sobre la paz y ha demostrado que hay muchas formas de construirla</p></blockquote>
<p><strong>¿Hay alternativas creativas?</strong></p>
<p>Trabajé también algunos años ligada a procesos artísticos que favorecían nuevas formas de expresión del conflicto. Creo que el arte tiene un gran potencial para construir educación o cultura de paz. El arte permite desarticular una única visión del ser humano y ayuda a fortalecer o a renacer la creatividad que es connatural a la humanidad.</p>
<p><strong>¿Qué aportes ha realizado la pedagogía de paz en Colombia?</strong></p>
<p>Las organizaciones cercanas a la pedagogía de paz en Colombia han ayudado a redimensionar la paz. Han identificado múltiples concepciones y visiones sobre la paz al tiempo que han demostrado que hay muchas formas de construirla. Al mismo tiempo, creo que la pedagogía de paz ha ayudado a la construcción de una infraestructura básica sobre y para la paz como elemento central en la sociedad colombiana. Es un campo que se ha desarrollado mucho en sectores educativos y también en el mundo social y local. Por último, vale la pena resaltar el protagonismo que han logrado las víctimas en los últimos años. Sin esa infraestructura de paz este logro hubiera sido imposible.</p>
<p><strong>¿Las múltiples visiones no son más bien una complejidad añadida?</strong></p>
<p>En ciertas ocasiones como la actual coyuntura del proceso de paz es, sin duda, una problemática la falta de consenso y unidad sobre esa concepción de la paz, pero es muy importante el trabajo realizado para comprender que la paz va mucho más allá del silenciamiento de las armas. Es fundamental además comprender la paz de una manera contextualizada y diferenciada. En los últimos años también ha habido un posicionamiento de la diversidad en grupos específicos como las mujeres o el colectivo LGTBI. Reconocer esas identidades y esas diferencias es también un paso importante hacia la paz.</p>
<p><strong>¿El triunfo del “no” en el plebiscito sobre el acuerdo en Colombia obedeció a una falta de pedagogía sobre los pactos firmados con las FARC?</strong></p>
<p>Indudablemente sí, aunque es fundamental la distinción entre la pedagogía de paz y la pedagogía sobre el acuerdo. Hay un reto importante en explicar al ciudadano, de forma masiva, la dimensión de lo que significa construir paz, sobre todo en aquellos que no han sufrido la guerra en carne propia. La pedagogía sobre el acuerdo ha sido muy complicada porque parecía que corriéramos en tres tiempos: los tiempos de la política, los tiempos de los cambios culturales y los tiempos de los cambios estructurales. Un acuerdo sumamente técnico, que estuvo blindado para la opinión pública durante mucho tiempo, que ha significado un cambio drástico en la política colombiana al pasar de una paz negativa a una paz positiva… son elementos que hacen que la lectura del acuerdo –además de las 300 páginas– no sea nada fácil.</p>
<p><strong>¿Los tiempos tampoco ayudaron?</strong></p>
<p>Sin duda estos procesos de transformación ciudadana hacia la cultura de paz llevan tiempo y, en el caso de los acuerdos con las FARC, la implicación ciudadana para la refrendación de la firma del acuerdo fue relativamente corta.</p>
<p><strong>¿Poco tiempo y resultados sorpresivos?</strong></p>
<p>Ha sido muy difícil, en poco tiempo, articular en el mismo proyecto a las organizaciones sociales que de repente vieron una posibilidad real de asumir o vivir en el postconflicto. Sin embargo, fue muy esperanzador ver la movilización social una vez se conoció la derrota de la ratificación del acuerdo en el plebiscito. Ese gran diálogo nacional que se esperaba antes de la votación emergió a partir de los resultados inesperados y, ayudados por las voces y, de algún modo, las presiones de la comunidad internacional, se ha reactivado esa esperanza de estar un paso más cerca de la paz.</p>
<p><strong>¿Qué retos le quedan a Colombia en su búsqueda de la paz?</strong></p>
<p>Tenemos aún muchas barreras. Debemos trabajar sobre el dilema entre la paz territorial y el trabajo en lo nacional, una dicotomía muy presente y poco trabajada en los medios de comunicación. Aún tenemos pendiente también que el ciudadano pueda interesarse más por la paz y logre salir de la dicotomía entre la paz y la guerra, que deje de pensar que la paz no se limita al acuerdo con las FARC y que, por supuesto, ese acuerdo no puede resolver todos los temas estructurales que le interesan a la mayoría de colombianos.</p>
<p><strong>Hay muchos ciudadanos que no se convencerán nunca</strong></p>
<p>La paz implica un trabajo social en reconocer el papel que debe jugar la ciudadanía que no ha vivido la guerra.</p>
<blockquote><p>El papel de las universidades ha sido fundamental en su apoyo a los acuerdos, pero necesitan pasar del carácter técnico a la acción social</p></blockquote>
<p><strong>¿Cómo afrontan el problema las generaciones que están tan lejos del inicio de la violencia?</strong></p>
<p>Hay un reto muy importante en la recuperación de los procesos históricos del país porque tenemos una generación de votantes que vivieron en la última década con una guerra absolutamente posicionada pero que no tienen un conocimiento básico sobre el origen y las causas del conflicto armado en Colombia. Ha sido una generación educada por los medios masivos y que no ha recibido una explicación contextual adecuada para saber de qué conflicto hablamos.</p>
<p><strong>¿Son la generación que se emociona con las series de Netflix?</strong></p>
<p>Hay que quitar el morbo emocional de la guerra, de las grandes hazañas, capturas, y pasar del ámbito educativo a la acción social. Como colombianos necesitamos pensar no solamente en función de las víctimas sino sobre todo en la no repetición. Debemos entender además que este es sólo un acuerdo con un actor del conflicto sin olvidar que en los territorios están reposicionándose otros nuevos actores, como los neo paramilitares, y que los asesinatos a líderes sociales en los últimos meses son episodios que exigen una acción social contundente para limitar al máximo las prácticas que hacen retroceder cualquier iniciativa de paz.</p>
<p><strong>¿Qué papel juegan las Universidades en este proceso?</strong></p>
<p>El papel de las universidades ha sido fundamental en su apoyo a los acuerdos, pero necesitan pasar del carácter técnico a la acción social. Tanto ellas como las organizaciones sociales deben acompañar la implementación de los acuerdos, deben propiciar un diálogo de saberes para que la ciudadanía tenga en ellas una opción para comprender de forma objetiva lo que no entiende, lo técnico, y deben, sobre todo, fiscalizar, a través del diálogo, la acción y la información que los medios de comunicación producen y difunden sobre este y otros procesos de paz. Por último, necesitan pensar en nuevas formas de relación entre un estado tradicionalmente alejado de la ciudadanía y su propia sociedad.</p>
<p><strong>Tienen bastante tarea…</strong></p>
<p>Sí, y claro, es su deber transmitir y divulgar, ya que los medios no lo hacen, cómo un acuerdo de paz puede influir en mejorar la vida cotidiana de las personas, una estrategia que, curiosamente, funcionó muy bien en la campaña del “no”.</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/interviews/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/">Ivonne Guzmán: “La paz y la guerra son conceptos que se aprenden culturalmente”</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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		<title>Colombia en el punto de mira</title>
		<link>https://milmagazine.org/focus/colombia-punto-mira/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Santiago Giraldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Jan 2017 19:00:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Focus]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Educación para la paz]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Proceso de paz]]></category>
		<category><![CDATA[Semana de la paz]]></category>
		<category><![CDATA[Starred]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El país ha sido el foco de atención durante los últimos meses: acuerdo de paz, referéndum, premio Nobel... En Aika dedicamos la semana a analizar el papel de la educación en la construcción de la paz </p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/focus/colombia-punto-mira/">Colombia en el punto de mira</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde hace más de 50 años, la <strong>guerra en Colombia</strong> ha causado más de 8 millones de víctimas. Un conflicto armado complejo y con múltiples intereses ha desgarrado millones de familias, cientos de pueblos e incluso decenas de departamentos. También ha dejado huellas imborrables en la memoria de la mayoría de los colombianos. A partir de la firma del <a href="http://www.acuerdodepaz.gov.co"><strong>acuerdo de paz</strong></a> con las FARC en los últimos meses de 2016, <strong>Colombia</strong> volvió a ocupar las portadas de diarios y a ser el centro de atención mundial. Esta vez no se trataba de otra gran masacre, ni de la detención de un gran capo del narcotráfico. Se trataba de la terminación, a través del diálogo, de una guerra, una de las muchas que tanta violencia han causado en el país latinoamericano.</p>
<p>Situada en el punto de mira internacional, que ya celebraba la culminación de los más de 60 años de la guerrilla más vieja de América, los colombianos, ante la incredulidad de la comunidad internacional, incluso tuvieron tiempo de decir: “un momento”. Desde el realismo mágico, una mayoría de colombianos, así fuera mínima, señaló que el acuerdo de paz firmado <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/02/colombia/1475420001_242063.html">no les convencía</a>. A pesar de la motivación de poner fin a la guerra con las FARC, muchos ciudadanos se manifestaron <strong>en contra del acuerdo</strong>.</p>
<p>No importaba que, en el punto de mira internacional, se mirara con extrañeza la decisión tomada democráticamente. Colombia ocupó de nuevo las portadas. No sería la última vez en el año. El <strong>galardón del <a href="http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37584044">Nobel de paz</a> </strong>llegó como una bocanada de aire fresco, como un escalón de apoyo para el presidente Juan Manuel Santos, quien estableció ese acuerdo de paz como la piedra angular de su doble mandato. A pesar de su resbalón, el Nobel alumbró un nuevo camino para un nuevo acuerdo, con mejores explicaciones y aclaraciones, entre el gobierno colombiano y las FARC.</p>
<blockquote><p><strong>Aika</strong> ofrece a partir de hoy una serie de reflexiones de diferentes colombianos que han analizado, trabajado o vivido directamente en el conflicto armado en Colombia</p></blockquote>
<p>Más allá de las portadas, la ciudadanía colombiana volvió a vivir un clima de tensión en sus calles, en sus casas. El espacio de división social que tanto ha marcado la historia del país volvió a ser evidente. Estar a favor o en contra del acuerdo de paz situaba a quien defendía su posición en extremos que rememoraban los terribles años de La Violencia o de las diferentes guerras sucias entre traficantes, paramilitares, guerrillas y bandas criminales. Poco había aprendido el país en el medio siglo de guerra. Es una situación aún palpable en muchos discursos de los ciudadanos colombianos.</p>
<p><strong>Aika</strong> ofrece a partir de hoy una serie de <a href="https://milmagazine.org/entrevistas/ivonne-guzman-la-paz-la-guerra-conceptos-se-aprenden-culturalmente/">entrevistas </a>y reflexiones de diferentes colombianos que han analizado, trabajado o vivido directamente en el conflicto armado en Colombia. Los vaivenes del acuerdo de finalización del conflicto entre el gobierno colombiano y las FARC dan pie para pensar sobre el <a href="https://milmagazine.org/tendencias/educacion-la-reconciliacion/"><strong>papel de la educación</strong></a> en la construcción tanto del imaginario de la guerra como del <a href="https://milmagazine.org/el-recreo/la-guerra-no-juego-ninos-nomasviolencia/">imaginario de la paz</a>. Al mismo tiempo, invita a reconstruir el concepto de paz desde un significado amplio no ligado ni a una ideología ni a una disciplina específica.</p>
<p>Aproximaciones desde la música, la historia, los derechos humanos o la politología invitan a pensar en la <strong>paz en Colombia</strong> desde múltiples aristas. Aunque el acuerdo llegue a feliz término, como así ha sido a partir de la ratificación del mismo por el Congreso de la República de Colombia y de la aprobación de la ley de amnistía para las FARC, la implementación de los mismos debe respaldarse por toda la ciudadanía. Los textos recogidos intentan impulsar esa vinculación social con la construcción de una<strong> paz social, estable y duradera</strong> y realizan invitaciones para que diferentes actores sociales y políticos apuesten por el camino de la reconciliación nacional a partir del reconocimiento histórico de la diversidad.</p>
<p>Colombia vuelve al punto de mira, pero sólo como espacio analítico de construcción de posibilidades de postconflicto.</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/focus/colombia-punto-mira/">Colombia en el punto de mira</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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