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	<title>José Cruz Rodríguez, autor en MIL Magazine</title>
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	<title>José Cruz Rodríguez, autor en MIL Magazine</title>
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		<title>Leer es un riesgo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José Cruz Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Apr 2017 08:50:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>—Papa, ¿por qué no vamos esta tarde a la biblioteca? —me pides con insistencia en el parque. Y a mí me entra un subidón, al tiempo que se me ilumina la cara. ¿Cuál es el milagro que hace posible que una niña de diez años te pida que la lleves a la biblioteca un viernes [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>—Papa, ¿por qué no vamos esta tarde a la biblioteca? —me pides con insistencia en el parque.</p>
<p>Y a mí me entra un subidón, al tiempo que se me ilumina la cara. ¿Cuál es el milagro que hace posible que una niña de diez años te pida que la lleves a la biblioteca un viernes por la tarde? Sinceramente, no tengo respuesta a esa pregunta. Lo único que puedo decir es que hace un par de meses instauré la posibilidad de ir a la biblioteca cada quince días, y desde entonces se ha convertido casi en una liturgia. La realidad es concluyente: cuando una persona está <strong>motivada</strong> es capaz de hacer lo que sea para obtener el benéfico que esto le representa.</p>
<p>No he leído demasiado sobre neurociencia, pero lo poco que sé confirma que la mejor forma de aprender es leer, escribir y tomar notas. Siempre he creído que viajar y leer son los ingredientes fundamentales para conformar el gusto de una persona. Hoy en día el buen gusto está considerado como algo clásico, pero clásico no es sólo lo antiguo, sino lo que tiene clase. Todo lo que leemos o escuchamos una y otra vez porque siempre tiene algo diferente que decirnos. Aquello que nos abre horizontes y nos hace más imaginativos.</p>
<p>Dice el ensayista italiano Alfonso Berardinelli en su último libro <em><a href="http://www.casadellibro.com/libro-leer-es-un-riesgo/9788494571916/3099862">Leer es un riesgo</a></em> (Círculo de tiza) que “querer leer y saber leer son costumbres cada vez menos garantizadas. Leer libros no es algo natural y necesario como caminar, comer, hablar o usar los cinco sentidos. No es una actividad vital, ni en el plano fisiológico ni en el social. (…) Es tanto un <strong>placer</strong> como un propósito de mejora”.</p>
<blockquote><p>Mientras nuestros hijos crecen hemos de leer juntos y compartir con ellos las experiencias de los libros que leemos</p></blockquote>
<p>Leer, hoy más que nunca, es un riesgo. Pero os preguntaréis por qué. Pues porque <strong>leer nos abre los ojos y elimina el miedo a pensar</strong>. Aunque parezca una perogrullada los libros no están hechos para que alguien te examine sobre su contenido, sino que están escritos para ser leídos. La mayoría de nuestros hijos no frecuentan con demasiada asiduidad los libros ni las bibliotecas, sino que se sienten más atraídos por la soledad compartida de las nuevas formas de comunicación. Mientras ellos crecen hemos de leer juntos y compartir con ellos las experiencias de los libros que leemos. Como padres y madres hemos de cambiar la forma de estimular la búsqueda de conocimiento jugando el partido como el entrenador, participando del mismo, no como meros árbitros que sólo buscan la falta.</p>
<p>Los sumerios llamaban a la biblioteca “la casa de la memoria”, los egipcios “el sanatorio del alma”, y los tibetanos “un mar de piedras preciosas”. Los libros, como la arena, son infinitos, aunque los buenos libros escasean como los diamantes. <strong>Leer siempre es un riesgo porque nos invita a ser menos estúpidos cada día.</strong></p>
<p>—¡Venga! Recoge la mochila que nos vamos —respondo.</p>
<p>De camino a la biblioteca mi cabeza se llena de violines mientras recuerdo al genial Daniel Johnston. No vivamos nuestras vidas en vano. Viajemos, leamos, escuchemos al otro. No hay nada más grande que descubrir que, a lo mejor, el otro tiene razón. Tengo la convicción de que en estos tiempos convulsos los <strong>libros</strong> nos salvarán. Por eso me encanta ayudarte a asumir el riesgo de <strong>leer en compañía</strong>.</p>
<p><iframe title="Daniel Johnston - Gen Hansard &amp; The Swell Season - Life in vain" width="1320" height="743" src="https://www.youtube.com/embed/JkczI1-be1k?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></p>
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		<title>Palabras de colores</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José Cruz Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Mar 2017 21:26:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Juego]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#8211; Jugamos a algo papá, me aburro —me dijiste el otro día en el Metro. &#8211; ¡Vale! —respondí. ¿Pero a qué podemos jugar? Dentro del vagón no tenemos demasiadas opciones. &#8211; No te preocupes —insististe. He inventado un nuevo juego. Se llama “Palabras de colores”. &#8211; ¡Ah!, ¿sí? —respondí. ¿Y cómo se juega? &#8211; Pues uno [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<header class="entry-header">
<p class="entry-title"><time class="entry-date" datetime="2016-04-20T11:28:04+00:00"></time>&#8211; Jugamos a algo papá, me aburro —me dijiste el otro día en el Metro.<br />
&#8211; ¡Vale! —respondí. ¿Pero a qué podemos jugar? Dentro del vagón no tenemos demasiadas opciones.<br />
&#8211; No te preocupes —insististe. He inventado un nuevo juego. Se llama “Palabras de colores”.<br />
&#8211; ¡Ah!, ¿sí? —respondí. ¿Y cómo se juega?<br />
&#8211; Pues uno piensa una palabra y el otro tiene que decir de qué color es.</p>
</header>
<div class="entry-content">
<p>A priori parecía una magnífica idea, pero, ¿cómo demonios se sabe qué color tiene una palabra?</p>
<p>-Es muy fácil, papá —me explicaste. Sólo tienes que pensar en la palabra y fijarte con qué color está subrayada.</p>
<p>Pues, vale. Muchas gracias por la aclaración. Ahora sí que lo tengo claro. No sabía por dónde empezar así que dije:</p>
<p>&#8211; ¡De acuerdo! Empiezo yo. Ahí va la primera palabra: Montaña.<br />
&#8211; Naranja -respondiste sin vacilar.<br />
&#8211; ¿Naranja? ¿Desde cuándo una montaña es naranja? Las montañas son verdes, negras o grises, nunca naranjas.<br />
&#8211; No papá, no te las imagines como las conoces, sino como son de verdad.</p>
<p>¡Ostras! Pues comenzamos bien. Vaya juego más endemoniado. Te prometo que pensé que me estabas tomando el pelo, pero no tenías cara de estar bromea<br />
ndo. Montañas naranjas. Fascinante, pensé. Nunca he visto ninguna, ¿o sí?<img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-183 size-full aligncenter" src="https://pedagogiainversa.files.wordpress.com/2016/04/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1.jpg?w=560" sizes="(max-width: 560px) 100vw, 560px" srcset="https://pedagogiainversa.files.wordpress.com/2016/04/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1.jpg?w=560 560w, https://pedagogiainversa.files.wordpress.com/2016/04/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1.jpg?w=1118 1118w, https://pedagogiainversa.files.wordpress.com/2016/04/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1.jpg?w=150 150w, https://pedagogiainversa.files.wordpress.com/2016/04/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1.jpg?w=300 300w, https://pedagogiainversa.files.wordpress.com/2016/04/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1.jpg?w=768 768w, https://pedagogiainversa.files.wordpress.com/2016/04/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1.jpg?w=1024 1024w" alt="1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1" width="560" height="319" data-attachment-id="183" data-permalink="https://pedagogiainversa.wordpress.com/2016/04/20/palabras-de-colores/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1/#main" data-orig-file="https://pedagogiainversa.files.wordpress.com/2016/04/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1.jpg?w=560" data-orig-size="1960,1118" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1" data-image-description="" data-medium-file="https://pedagogiainversa.files.wordpress.com/2016/04/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1.jpg?w=560?w=300" data-large-file="https://pedagogiainversa.files.wordpress.com/2016/04/1458830473_074693_1458833341_noticia_normal_recorte1.jpg?w=560?w=560" /></p>
<p>Las montañas nos cuentan la historia geológica del planeta. En la escuela me enseñaron que las montañas se pueden forman, básicamente, por dos causas. La primera por razones internas debidas a alteraciones en la capa terrestre o por movimientos en las placas tectónicas. La segunda por causas externas como la acción del clima o la erosión. Lo que no me explicaron es que hay una tercera causa. Es la debida a la acción del odio, la explotación y la muerte. Si no ¿cómo podemos explicar las montañas de pelo humano, gafas o zapatos del campo de exterminio nazi de Auschwitz?</p>
<p>Son montañas que dan testimonio mudo del horror y la miseria humana, como las montañas de chalecos naranja que hay en la isla griega de Lesbos. Un enorme paisaje naranja y atroz. Un monumento improvisado formado por los chalecos salvavidas abandonados por los refugiados en su carrera hacia la búsqueda de una vida mejor.</p>
<p>Entonces, si como tú dices las cosas no tienen el color de nuestra imaginación, sino que son tal y como son de verdad, ¿de qué color son palabras como “Vergüenza”, “Desesperación” o “Asco”? Te miro, me miras. ¿Venga papá! Me toca. A ver si lo adivinas ahora. ¿Qué color tiene la palabra “Esperanza”?</p>
</div>
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		<title>Hacer de cabeza corazón</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José Cruz Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Mar 2017 21:26:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Audiovisual]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Uno de los inconvenientes de ser un padre separado es el de no poder estar con tu hija el cien por cien de su tiempo. Este fin de semana tuve uno de esos momentos en los que lamenté no poder disfrutar contigo del gran espectáculo visual que estaba contemplando. No te digo más que después [&#8230;]</p>
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<p class="entry-title"><time class="entry-date" datetime="2017-01-30T15:46:17+00:00"></time>Uno de los inconvenientes de ser un padre separado es el de no poder estar con tu hija el cien por cien de su tiempo. Este fin de semana tuve uno de esos momentos en los que lamenté no poder disfrutar contigo del gran espectáculo visual que estaba contemplando. No te digo más que después de los cuatro primeros minutos de película ya estaba deseando ponerme en pié y comenzar a aplaudir, a sabiendas de que podría haber hecho el ridículo más espantoso. ¡Qué lástima que no me acompañaras! En fin, tú decidiste perdértelo porque me dijiste que no sabías si te gustaría. Pero cómo no te iba a gustar esa maravilla plena de vida y color titulada <em>La ciudad de las estrellas (La La Land)</em>.</p>
</header>
<div class="entry-content">
<p>Mientras disfrutaba de sus magnéticas canciones y sus deliciosas coreografías recordé la última película que habíamos visto juntos en Navidad: <em>¡Canta!</em> Una historia muy original, con una animación de primera y una variada selección musical. Recuerdo cómo me sentí identificado con su protagonista, Buster Moon, el koala propietario de un famoso teatro que no pasa precisamente por uno de sus mejores momentos, al que se le ocurre la idea de convocar un concurso de jóvenes talentos para tratar de salvarlo. Al igual que Buster, he visto cómo mi sueño se venía abajo. Y, como él, he sentido confusión y desamparo. Pero como diría el simpático koala, lo bueno que tiene tocar fondo es que ya sólo puedes ir en una dirección, y es hacia arriba.</p>
<p><span class="embed-youtube"><iframe class="youtube-player" src="https://www.youtube.com/embed/WWqtb_QwiwY?version=3&amp;rel=1&amp;fs=1&amp;autohide=2&amp;showsearch=0&amp;showinfo=1&amp;iv_load_policy=1&amp;wmode=transparent" width="560" height="345" allowfullscreen="allowfullscreen" data-mce-fragment="1"></iframe></span></p>
<blockquote><p>¡Me debes una! Tenemos pendiente volver a disfrutar juntos de esa magia que sólo sucede en el cine</p></blockquote>
<p>Tanto <em>¡Canta!</em> como <em>La ciudad de las estrellas </em>son dos historias muy bien contadas que hablan de los sueños, de cómo perseguirlos, de cómo vivirlos y de cómo renunciar a ellos. Las dos películas son un aldabonazo directo al corazón, porque la música, sea cual sea, nos desmonta, nos hace perder la razón para que triunfe el corazón. Adoro las películas que hablan más de corazón que de cabeza. Las pelis que me hacen sentir y me hacen llorar.</p>
<p>Por cierto, hablando de sueños y de cómo renunciar a ellos. Ayer vimos juntos el final de la ceremonia de entrega de los Oscar. Lo curioso es que, a pesar del mayúsculo error durante la entrega del premio a la mejor película, todo se resolvió felizmente con un abrazo fraternal entre vencedores y vencidos. ¿Lo ves?  Los sueños existen y cambian de manos. ¿No va de eso precisamente <em>La ciudad de las estrellas</em>? No podría imaginarme un final mejor para la Gala de los Sueños.</p>
<p>¡Me debes una! Tenemos pendiente volver a disfrutar juntos de esa magia que sólo sucede en el cine. Cuando después de algo más de dos horas las luces se encienden y descubres que todos los que te rodean están sonriendo. <em>¡Canta!</em> y <em>La ciudad de las estrellas </em>rezuman ganas de vivir y el deseo de creer en nosotros mismos. Las dos regalan sueños y esperanza y, aunque sólo sea por eso, ya merece la pena gastarte los 9 <em>euracos</em> de la entrada. Porque, a pesar de que la vida nos vaya como el culo y veamos el mundo como un lugar inhóspito, después de la negra noche siempre vendrá “otro día soleado”.</p>
<p><span class="embed-youtube"><iframe loading="lazy" class="youtube-player" src="https://www.youtube.com/embed/v4WL3NYkvuQ?version=3&amp;rel=1&amp;fs=1&amp;autohide=2&amp;showsearch=0&amp;showinfo=1&amp;iv_load_policy=1&amp;wmode=transparent" width="560" height="345" allowfullscreen="allowfullscreen" data-mce-fragment="1"></iframe></span></p>
<div class="wpcnt"></div>
</div>
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		<title>¿Acaso soy un &#8220;padre helicóptero&#8221;?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José Cruz Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Feb 2017 21:40:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Padre helicóptero]]></category>
		<category><![CDATA[Paternidad]]></category>
		<category><![CDATA[Sobreprotección]]></category>
		<category><![CDATA[Starred]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vuelvo a recordarte por enésima vez que te metas en la bañera y me respondes: “¡Jo, papá!, ¡eres un pesado!” ¿Pesado, yo? ¿Me has llamado pesado? Sí, he oído bien. ¡No puede ser! Lo peor de todo es que no es la primera vez que me lo dices esta semana. ¡Encima que me preocupo por [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/tribune/acaso-padre-helicoptero/">¿Acaso soy un &#8220;padre helicóptero&#8221;?</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Vuelvo a recordarte por enésima vez que te metas en la bañera y me respondes:<strong> “¡Jo, papá!, ¡eres un pesado!”</strong> ¿Pesado, yo? ¿Me has llamado pesado? Sí, he oído bien. ¡No puede ser! Lo peor de todo es que no es la primera vez que me lo dices esta semana. ¡Encima que me preocupo por ti! Pero, bueno. ¿Qué me está pasando? ¿No me estaré convirtiendo en uno de esos <strong>&#8220;padres helicóptero&#8221;</strong>? No, eso no. Antes muerto que un padre helicóptero. Yo no soy uno de esos seres que sobreprotegen a sus hijos evitándoles dificultades y limitando sus posibilidades de desarrollo.</p>
<p>¿Cómo voy a ser yo uno de esos padres que combinan la <strong>sobreprotección</strong> con el exceso de control? ¡Ay, Dios mío! Que va a ser que sí. Que a veces hablo de ti en plural y estoy dado de alta en más de cuatro grupos de WhatsApp relacionados con el cole. Tanta intromisión en la vida de los infantes me pone un poco de los nervios. Ya me parecía a mí que eso del colecho y la lactancia <em>ad infinitum</em> no podía traer nada bueno. Decía el escritor D.H. Lawrence que tenía tres reglas para educar a los hijos: “dejarlos en paz, dejarlos en paz y dejarlos en paz.” ¡Pobre!, si hubiera vivido en estos tiempos no hubiera durado ni un asalto.</p>
<blockquote><p>A los hombres enseguida nos ponen la etiqueta de &#8220;helicóptero&#8221;. O eres un despechado o un helicóptero sobreprotector</p></blockquote>
<p>¿Se es más helicóptero siendo madre que padre? La verdad es que no tengo respuesta a esa pregunta. Lo único que sé es que, mientras que a las mujeres se les exige entrega total, a los padres se nos permite dimitir/delegar de nuestras funciones. Los <strong>padres</strong> (en masculino) estamos programados para hacer ver que en las situaciones domésticas no pasa nada. Es por eso que normalmente somos tachados por las mujeres de falta de instinto y de no interesarnos por nuestros hijos. Los padres somos mucho más despegados. De hecho niego la mayor y me planteo si de verdad existe el instinto paternal. Hablo en primera persona, porque a mí mismo me costó encontrarlo.</p>
<p>Pero, ¿se puede ser un padre abnegado y entregado sin ser mujer? Lo digo porque, a pesar de nuestra aparente falta de <strong>instinto</strong>, es muy fácil como padre pasar de cero a cien en un santiamén sin apenas darte cuenta. Y ¿qué sucede cuando tratas de ser un buen padre siguiendo tu instinto? Pues que a los hombres enseguida nos ponen la etiqueta de &#8220;helicóptero&#8221;. O eres un despechado o un helicóptero sobreprotector. La especie humana no entiende de términos medios.</p>
<p>He de reconocer que me gusta hacer gala de mi paternidad pero, Dios me libre de dar lecciones a nadie. Por eso, y por tu bien, dimito de helicóptero (si es que alguna vez lo fui). A partir de ahora seré un <strong>&#8220;padre submarino&#8221;</strong>. Trataré de permanecer fuera de tu radar, pero prometo estar siempre atento por si necesitas ayuda. ¡Ah!, por cierto, el agua de la bañera se te está quedando helada.</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/tribune/acaso-padre-helicoptero/">¿Acaso soy un &#8220;padre helicóptero&#8221;?</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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