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	<title>Gabriel Jaraba, autor en MIL Magazine</title>
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	<description>Advancing Media, Information and Critical Thinking</description>
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	<title>Gabriel Jaraba, autor en MIL Magazine</title>
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		<title>Siete propuestas para ir más lejos en tu creatividad</title>
		<link>https://milmagazine.org/guides/siete-propuestas-ir-mas-lejos-creatividad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Mar 2020 14:56:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Guides]]></category>
		<category><![CDATA[consejos]]></category>
		<category><![CDATA[Creatividad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cultivar el espíritu y actitud creativos a partir de acciones cotidianas que realizas a diario es posible. Te damos algunas claves para lograrlo</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/guides/siete-propuestas-ir-mas-lejos-creatividad/">Siete propuestas para ir más lejos en tu creatividad</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En un <a href="https://milmagazine.org/consejos/siete-consejos-potenciar-la-creatividad-la-vida-cotidiana/">artículo anterior</a> os proponíamos siete consejos para <strong>activar la capacidad creativa</strong>. La creatividad no es privativa de los artistas, los genios o la gente singular sino una cualidad intrínseca del ser humano. Presentamos aquí&nbsp;siete propuestas más para ir un poco más lejos en el cultivo de la <strong>creatividad</strong>, que nos revelan que ser creativo no es ser ingenioso sino vivir asombrado por el mundo y los seres humanos.</p>
<ol>
<li><strong>Afírmate en lo que haces bien.</strong>&nbsp;Ya se sabe que el césped de la casa de al lado es más verde, pero esa creatividad a la que aspiras ya la tienes y se demuestra en las cosas que haces. Examina cuáles son las cosas que haces bien, incluso haciendo una lista de ellas. Piensa qué es lo que hace que te salgan bien. Y reflexiona sobre cómo podrías profundizar en esas habilidades, y sobre todo, en cómo podrías aplicarlas a otros campos de actividad. Ello expandiría enormemente tu campo de acción excelente.</li>
<li><strong>Alégrate de lo que haces.</strong> Muchos de quienes persiguen la felicidad se pierden la alegría por el camino. La <strong>felicidad</strong> puede ser cosas muy distintas para cada persona diferente pero experimentar alegría es idéntico y común a todos los seres humanos. El mal de la cultura occidental ha sido el olvido de la alegría y su suplantación por el jolgorio en situaciones y momentos acotados. Se ha confundido la seriedad con la adustez y se ha olvidado que la tristeza es una forma disimulada de egoísmo. Y la cosa es tan simple como esto: sin <strong>alegría</strong> la vida es un asco. Por cierto que si no nos alegramos también por la vida y los logros de otras personas nuestra alegría no será verdadera: si ningún hombre es una isla, como dijo John Donne, nadie se alegra solo.</li>
<li><strong>Lee por placer.</strong>&nbsp;Los que siempre hemos sido lectores voraces y hemos conseguido que nuestra profesión incluya la lectura en cantidad y calidad tenemos un problema: que no nos queden ganas de leer una vez terminada la jornada. Tenemos que <strong>reaprender a leer</strong> y hallar qué tipo de lectura nos puede devolver el placer de la lectura por ella misma. Deberemos entonces rebuscar en nuestra biblioteca o en otras y pasear por las librerías con mirada distinta. ¿Qué tal si recuperamos aquél <em>Las mil y una noches</em> de nuestra infancia y lo leemos con ojos adultos? ¿Y leer enteros todos <em>Los tres mosqueteros</em> y <em>Veinte años después</em> para pasar a <em>El conde de Montecristo</em>, haciendo una maratón Dumas? También podemos dedicarnos a descubrir autores, géneros o estilos, de modo que la lectura se convierta de nuevo en un juego de buscar y encontrar.</li>
<li><strong>Contempla el arte con todos los sentidos.</strong>&nbsp;La pintura, la escultura, la fotografía y las artes plásticas en general no se limitan a ser imágenes que pueden ser observadas.&nbsp;Las grandes obras de la pintura universal son la forma corpórea que adquiere una poderosa <strong>idea creativa</strong>&nbsp;que se expresa comunicando con gran profundidad. La&nbsp;última vez que estuve&nbsp;en el museo del Prado&nbsp;salí de allí con una intensa sensación de que había hecho mucho más que mirar pinturas;&nbsp;su visión pero también su proximidad me había llevado a un estado diferente, espiritual y físico. No se va a los museos a “ver” obras de arte sino a entrar en contacto con ellas y con su particular y sutil influencia que nos alcanza directamente en el alma.</li>
<li><strong> Sé siempre curioso respecto al conocimiento.&nbsp;</strong>Todo creativo es un curioso insaciable. Por eso los niños, maestros de la creatividad, andan siempre preguntando “¿y por qué?”. Ojos y orejas bien abiertos y preguntas siempre a punto. <strong>Aprender</strong> y <strong>conocer</strong> de todo. Especial atención a la ciencia y a la técnica. No te refugies en tu vena artística, aprende matemáticas. Y viceversa: si eres de ciencias aprende a dibujar (los naturalistas son unos maestros en combinar análisis y dibujo). Mantente al día en avances científicos y aprende cada día una cosa nueva. Es uno de los mejores lubricantes para la mente creativa.</li>
<li><strong>Busca la inspiración en tu interior en medio de la actividad.</strong>&nbsp;Para hallar inspiración&nbsp;no hay que recogerse en un retiro silencioso e inmóvil, o por lo menos no necesariamente. La <strong>meditación</strong> silenciosa y quieta es un arte que aprenderemos una vez nos hayamos desempeñado en&nbsp;el flujo dinámico de la actividad cotidiana eliminando cada vez un obstáculo tras otro.&nbsp;Hay que aprender a vivir en la actividad continua y al mismo tiempo sintiendo que la <strong>inspiración</strong> que buscamos está en nuestro interior.&nbsp;Esa inspiración interior no es el producto forzado de una práctica&nbsp;que realizamos a contracorriente sino&nbsp;el fluir natural de nuestra sabiduría innata. Es así de sencillo: hagas lo que hagas mira dentro de tí, a tu punto de autenticidad personal, y confiésate si lo que te propones a hacer es justo y es lo que debes hacer en este momento precisa. Todo lo demás sobra.</li>
<li><strong>Encuentra tu ritmo. </strong>Y aprende a diferenciar entre diligencia y apresuramiento. El flujo natural que menciono en el punto anterior surge de la comprensión de esa diferencia. &#8220;Vísteme despacio que tengo prisa&#8221;, dice el dicho popular, y eso no es un llamamiento a la <em>pachorra</em>. No hay aprisa o despacio, hay apresuramiento indebido o procrastinación nociva. Nada existe en la naturaleza que no responda a una pauta y por lo tanto a un ritmo. Nada hay caótico ni desordenado, y para que nuestra vida y acción sean creativas deben ir ajustándose a un ritmo personal. Ritmo es armonía, y si se aspira a la segunda hay que buscar el primero.</li>
</ol>
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		<title>Cómo afrontar la angustia de la agenda y las actividades ante el inicio del curso</title>
		<link>https://milmagazine.org/tribune/como-afrontar-la-angustia-de-la-agenda-y-las-actividades-ante-el-inicio-del-curso/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Oct 2018 11:17:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Agenda]]></category>
		<category><![CDATA[Calendario]]></category>
		<category><![CDATA[Motivación]]></category>
		<category><![CDATA[Organización]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Para qué sirven las agendas, en realidad? Se dirá que para organizar la administración del propio tiempo en proporción a las actividades en las que lo empleamos. Un momento: ¿eso cómo se lleva a la práctica, exactamente? ¿Sólo por el hecho de anotar unas actividades previstas en unas fechas determinadas ya se produce esa administración? [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Para qué sirven las agendas, en realidad? Se dirá que para organizar la administración del propio tiempo en proporción a las actividades en las que lo empleamos. Un momento: ¿eso cómo se lleva a la práctica, exactamente? ¿Sólo por el hecho de anotar unas actividades previstas en unas fechas determinadas ya se produce esa administración? Me permito dudarlo. Eso es sólo el aspecto externo de tal administración, probablemente el menos importante. Quizás acabo de escribir una herejía, pero la pregunta es legítima: ¿en qué consiste administrar la proporción de tiempo y actividades llevando una agenda?</p>
<p>La agenda por sí misma, sea en papel o electrónica, no funciona. No funciona en absoluto por sí misma y en relación con los fines a los que queremos dedicarla. La agenda no hace nada, lo que permite administrar tiempo y actividad es nuestra mente. La agenda  es un mero fetiche para conjurar el pánico. Y cuanta más tecnología utilizamos, más tendemos a confundir el instrumento con el poder que lo rige y al cual debe servir. Administrar nuestro quehacer es producto de la relación de sintonía, sincronía y ritmo que existe entre nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestras intenciones y nuestras decisiones.</p>
<blockquote><p>La agenda no hace nada, lo que permite administrar tiempo y actividad es nuestra mente. La agenda  es un mero fetiche para conjurar el pánico.</p></blockquote>
<p>En el inicio del curso esos cuatro elementos –mente, cuerpo, motivación e intención- entran en tensión ante las expectativas que aparecen ante nosotros; es necesario pues revisar el estado de nuestra personalidad integral para propiciar la calidad de su coordinación. ¿Cuál debería ser el resultado de ello? La toma de decisiones adecuadas. ¿Qué significa adecuadas? Que estén en concordancia con los objetivos previstos, que esos objetivos puedan ser llevados a cabo, que los resultados que se desprendan de la realización de los objetivos se avengan con las intenciones que nos hacen perseguirlos y que todo ello sea asumible y sostenible por nuestra personalidad integral en términos de, por una parte, eficiencia, y por otra, de calidad de vida. Organizarse bien significa hallar el equilibrio dinámico que conduzca a esa sostenibilidad y que él redunde en la consecución de los fines que nos proponemos.</p>
<p>La agenda sirve para una cosa muy determinada: para relajar la tensión que suscitan nuestras expectativas. Cuando anotamos algo en ella nuestra mente deja de dar vueltas en torno a la idea de que tenemos que hacer ese algo determinado y puede pasar a centrarse en otro asunto. Cuando revisamos lo anotado en la agenda hacemos dos cosas: refrescar esa sensación de alivio al comprobar que no tenemos que estar recordando continuamente lo que tenemos que hacer, y ver si los quehaceres previstos y anotados en ella son en su conjunto realizables en cuanto a su sucesión y la dedicación de determinadas cantidades de tiempo a todos ellos. Pero la tercera función realmente existente de nuestra agenda debería ser otra: comprobar si estamos dedicando nuestra vida a hacer aquello que tenemos la determinación, necesidad y misión de hacer y no a perdernos en una diversidad de acciones y actividades que no sirven a nuestra motivación profunda y propósito prioritario. Si somos conscientes de esa motivación fundamental y axial, la organización de la agenda se producirá automáticamente. Al error en esa comprobación se le suele llamar, en lenguaje popular, poner el carro delante de los bueyes.</p>
<p>Ahora veamos qué tanto tenemos bien alimentados y dispuestos a nuestros bueyes.</p>
<ul>
<li><strong>Revisa tu motivación profunda para ver si está vigente</strong></li>
</ul>
<p>Para que la vida valga la pena hay que vivir por algo que consideremos precioso. Y para que nuestra vida tenga sentido hemos de vivirla de acuerdo con una motivación que represente no solamente un aliciente sino algo por lo que daríamos esa misma vida. El inicio del curso es un  momento adecuado para plantearse cuál es la naturaleza, cualidad y justificación de la motivación que nos lleva a ejercer nuestra profesión –docente, comunicacional, científica, artística, técnica, comercial, terapéutica—y ver si ella sigue estando vigente para nosotros. Las circunstancias de la vida cambian y nosotros también, de modo que es justo que lo que un día nos motivase, incluso sobremanera, deje de seguir haciéndolo.</p>
<p>El inicio del curso es el momento ideal para hacer ese chequeo porque es entonces cuando necesitamos la energía de alto voltaje que nuestra motivación nos proporciona. Cuando hablamos de motivación lo hacemos de aquella que reside en lo más profundo de nuestro ser, la relacionada con nuestra vocación, misión, valores y escala de prioridades. Dice el profesor José Antonio Marina, de manera un tanto cruda, que “motivar es hacer que alguien haga algo que no desea hacer”. Nuestra motivación profunda es ese algo que nos hace hacer lo que hemos venido a hacer en nuestra vida y no podemos dejar de hacer sin que ella pierda su sentido. Puede ser sano comprobar que de esa profundidad continua manando el petróleo que mueve nuestra nave vital, y si no es así, nos planteamos el porqué y si debemos cambiarla. Y eso es perfectamente legítimo y justificado.</p>
<p>Nuestra agenda personal debe ser, pues, la expresión escrita y palpable de la calidad y orientación de nuestra motivación profunda y las expectativas de realización material mediante nuestra personalidad integral.</p>
<p>Entonces, observemos nuestra calidad como carreteros capaces de conducir nuestro carro de bueyes con seguridad por el camino.</p>
<ul>
<li><strong>Planea mejor lo mejorabla y deja lo que no tiene arreglo (por el momento)</strong></li>
</ul>
<p>Tenemos en nuestro interior dos demonios que muerden nuestro quehacer y tiran de él en dos direcciones opuestas, desgarrándolo. Uno es la procrastinación y otro el perfeccionismo, pero los dos surgen de un mismo averno: la insatisfacción con lo que estamos haciendo, con el modo como lo hacemos y con nosotros mismos a la hora de hacerlo. No son incompatibles y suelen alternarse en su tormento pero son muy eficaces a la hora de amargarnos la vida. Últimamente se suele hablar mucho de la procrastinación pero se alude poco a ese afán perfeccionista que siempre nos deja insatisfechos;  a lo mejor explorando uno de los dos demonios llegaríamos a conocer el otro.</p>
<p>Recordemos aquí otro refrán popular: lo mejor es enemigo de lo bueno. Y ciertamente, es bueno hacer las cosas mejor, pero esa perfección a la que aspiramos, más o menos secretamente, y que nunca llega no es la expresión de lo excelente en el logro y en la acción que a él conduce; en realidad es una manía inalcanzable que nos impide llegar a hacer lo que sería magnífico ahora, en este mismo momento. El inicio del curso es ideal para hacer un planteamiento realista de nuestros objetivos al mismo tiempo que una enumeración no menos realista de los asuntos que no podemos solucionar, o por lo menos no en este momento, y establecer una proporción entre unos y otros. Si la proporción es justa la energía de nuestro esfuerzo se dosificará adecuadamente para, ahora sí, mejorar todo lo mejorable.</p>
<p>Con las ruedas del carro bien engrasadas –a pesar de lo que cantaba Atahualpa Yupanqui—y los bueyes bien uncidos, observemos ahora lo que realmente importa: el camino.</p>
<ul>
<li><strong>El carro es solo el vehículo, lo importante es a dónde nos dirigimos y si el camino nos permite llegar</strong></li>
</ul>
<p>La motivación de lo que deseamos hacer es importante, así como lo son los medios que ponemos para conseguirlo y las acciones que realizamos para avanzar en su realización. El dicho popular de los bueyes y el carro, y qué va delante y qué va detrás, tiene implicaciones bastante profundas. Los bueyes tiran del carro y nos permiten avanzar en el camino, y el carro es el vehículo que nos transporta a nosotros con nuestro bagaje. Pero lo verdaderamente importante somos nosotros, la calidad y pertinencia de nuestro punto de destino y la practicabilidad del camino que nos conduce a él. Si ponemos los bueyes delante del carro pero tomamos el camino equivocado llegaremos a donde no queríamos ir; además de bueyes y carro está en juego la claridad de la mente del conductor metido a carretero. Si el camino que tomamos es el correcto pero ha quedado maltrecho por la acción del tiempo, del paso de otros vehículos o la aparición de una zanja o un derrumbe, aunque constituya la ruta correcta es muy probable que nuestro viaje se frustre o accidente; la mente del conductor debe ser capaz de hacer las previsiones necesarias y tomar las decisiones correctas. Una agenda rígida, en la que no se realicen previsiones justas y se practiquen correcciones pertinentes, es un carro que nos va a llevar por trochas impracticables. La buena agenda es como la cuerda de una guitarra: para que suene en la nota adecuada debe estar ajustada en la tensión precisa. Así pues, la agenda de actividades es varias cosas a la vez: el mapa del camino previsible que hemos de realizar, el planteamiento de lo correcto del lugar al que queremos ir y el largavistas que nos permite anticipar las decisiones que deberemos tomar durante el camino y que de momento no podemos prever en su totalidad.</p>
<blockquote><p>Lo excelente es convertir nuestra agenda en nuestra bitácora de navegación por la vida, expresión de a dónde queremos ir, por dónde vamos, en qué condiciones lo hacemos y qué decisiones tomamos para conseguirlo</p></blockquote>
<p>¿Para qué sirven pues las agendas, en realidad? En el inicio de este texto he hecho esta pregunta fundacional a título de provocación y ahora podría comenzar a apuntar algunas respuestas, todas ellas parciales e insuficientes. Es bueno que la agenda nos permita relajar la tensión ante las acciones que nos esperan, y es mejor que gracias a ella ajustemos la proporción entre actividades y tiempo dedicado. Lo excelente es convertir nuestra agenda en nuestra bitácora de navegación por la vida, expresión de a dónde queremos ir, por dónde vamos, en qué condiciones lo hacemos y qué decisiones tomamos para conseguirlo. Vista de este modo, la agenda deja de ser una fuente de angustia o bien un placebo tranquilizante y se convierte en algo magnífico: una expresión radiante de nuestra personalidad integral en acción. Así considerada, trabajar con nuestra agenda puede y debe ser una fuente de placer y realización.</p>
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		<title>Lo que parece nuevo es viejo: el futuro es “Star Trek” y no “Star Wars”</title>
		<link>https://milmagazine.org/tribune/lo-parece-nuevo-viejo-futuro-star-treck-no-star-wars/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Jan 2018 12:32:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Futuro]]></category>
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		<category><![CDATA[smartphone]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lo que parece nuevo es en realidad muy viejo. Así, la delimitación semántica de Twitter no es otra que la del telegrama, criatura pionera de la comunicación globalizada producida por redes de cables que cruzaban continentes y mares, y cuyos textos debían ser necesariamente breves pues los mensajes se pagaban por palabra y estaban expuestos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Lo que parece nuevo es en realidad muy viejo. Así, la delimitación semántica de Twitter no es otra que la del telegrama, criatura pionera de la comunicación globalizada producida por redes de cables que cruzaban continentes y mares, y cuyos textos debían ser necesariamente breves pues los mensajes se pagaban por palabra y estaban expuestos a un corte imprevisto de la conexión, con lo que un mensaje largo corría el riesgo de quedar interrumpido. En los vídeos de gatitos, trapisondas familiares y batacazos que llegan a hacerse virales subsiste la profunda huella de las filmaciones primeras de los Lumière, del mismo modo que el no va más del vídeo gamberrístico, la serie “Jackass”, era una versión a lo bestia de la payasada <em>slapstick</em> del cine mudo.</p>
<p>Tampoco el chismorreo de las redes sociales de Internet, al que se suma la maledicencia y el insulto, son nada nuevo bajo el sol. Quienes se deshacen en aspavientos y dengues ante los excesos retiarios digitales parecen olvidar que la historia de la humanidad ha estado jalonada siempre por espacios de conversación socializada de todo tipo: en los países mediterráneos, los bares en el caso de los hombres, y en el de las mujeres, los lavaderos colectivos. Y se olvida igualmente que la mentira es consustancial al lenguaje, en tanto que estrategia evolutiva de supervivencia. Incluso algún filólogo podría indicarnos que la riqueza léxica y expresiva de un lenguaje viene indicada por la sofisticación y variedad de sus insultos. Si privamos a las comadres de la hora del rezo del rosario, volverán a agruparse en un centro de yoga o terapias alternativas para practicar el pensamiento positivo para obtener ese tipo de solaz, y si fragmentamos y reducimos los espacios generales de socialización y agrupación entre afinidades, se reproducirán en forma de grupos de Whatsapp. Parece sencillo y elemental porque olvidamos que ya en 1968 el viejo Marshall McLuhan advirtió de que íbamos a vivir ya en una aldea global.</p>
<p>¿Quiero decir acaso con lo anterior que nada cambia? Todo lo contrario. Solamente pretendo indicar que las nuevas tecnologías vienen a facilitar funciones sociales, emocionales, lingüísticas y evolutivas que resultan fundamentales en una civilización humana cuando estas ya no resultan posibles a través de las formas tradicionales existentes al efecto o cuando permiten llevarlas a cabo con mayor eficiencia o adecuación a las nuevas formas de vida. Y a menudo esa renovación conlleva ciertos fenómenos de integración evolutiva en los medios y sus realizaciones que constituyen lo que consideramos progreso en su campo que repercuten en otros con impactantes influencias. El correo electrónico consiguió recuperar e incluso intensificar la tradición de la correspondencia escrita y el <em>smartphone</em> ha absorbido y refundido el <em>email</em>, el carteo, el telegrama y todas las posibilidades de comunicación directa interpersonal en una sola forma de telecomunicación integrada óptima y nunca antes alcanzada; del mismo modo que la televisión logró sintetizar en un medio el entretenimiento visual producido antes por el cine, el teatro, la ópera, el deporte y los noticiarios cinematográficos. Ahora las series de televisión están batiendo en cuanto a interés, alcance de público y creatividad a los filmes de largometraje, pero esto es solamente la última etapa de un proceso que comenzó en los años 50, cuando las grandes productoras y distribuidoras de Hollywood se negaron a ceder los derechos de sus películas a la naciente televisión, temiendo que el nuevo entretenimiento doméstico les arrebatara el público de los grandes teatros cinematográficos para recluirlo en las salas de estar… lo que ha acabado por suceder. Lo mismo que cuando las discográficas trataron de impedir la difusión de música por la red; no hicieron más que imitar a las salas de conciertos que en los años 20 prohibían la entrada de los micrófonos radiofónicos en sus recintos.</p>
<blockquote><p>Las nuevas tecnologías vienen a facilitar funciones sociales, emocionales, lingüísticas y evolutivas fundamentales en una civilización humana cuando estas ya no resultan posibles a través de las formas tradicionales existentes</p></blockquote>
<p>Existe un hilo conductor en todos los procesos de evolución tecnocomunicacional: integración de dispositivos y medios, incremento exponencial del volumen de información transmitido, miniaturización de los dispositivos, facilitación de uso y acceso en entornos domésticos y móviles, superación de los límites de tiempo y espacio, aceleración intensa de la transmisión, de la oportunidad de disponibilidad y de la sucesión de elementos a consumir.  De estos procesos, algunos ya se han venido produciendo desde hace décadas, como la desaparición del receptor radiofónico doméstico a beneficio del receptor portátil a transistores (miniaturización) que ha culminado en la desaparición final de este y del Ipod refundidos ambos en el <em>smartphone</em>. Lo que parece esencial y radicalmente nuevo en este asunto, lo que puede introducir un elemento decisorio en los cambios cognitivos que se produzcan en nuestra civilización es fruto del factor aceleración: no sólo la velocidad con que se producen los hechos comunicacionales sino la velocidad creciente que aparece cada vez más como la verdadera determinación tecnológica de la recepción de la comunicación, la asimilación de la información y el aprendizaje.</p>
<p>Tampoco el elemento velocidad es nuevo en esta visión del asunto. Por más que nos hagamos cruces por lo rápido que nuestros niños y adolescentes se ven inclinados a desempeñarse al tratar con la información, la aceleración cognitiva ha sido constante desde el despegue definitivo de la última revolución industrial. Las taquimecanógrafas, ¿se acuerdan? Desde la invención de la imprenta hasta hoy los seres humanos han aprendido a leer rápidamente, más deprisa  que nunca en la historia. La alfabetización general permitió el paso de la lectura en voz alta o incluso subvocálica a la asimilación silenciosa del texto leído, en un proceso meramente mental que implicaba la consiguiente aceleración (y los cursos de lectura rápida, ¿recuerdan?). Mientras en la división de la producción en el proceso industrial se imponía la cadena de montaje, en la de administración hacía lo propio la taquigrafía y la mecanografía, escrituras rápidas y estandarizadas, al tiempo que el teléfono aceleraba las relaciones comerciales y el tren, el automóvil y el avión, la distribución de mercancías. Toda una cultura de la modernidad, el futurismo de las dos primeras décadas del siglo XX, estuvo marcada por el culto a lo veloz en la realidad empírica y en la simbólica: la aviación y los automóviles aerodinámicos y de carreras junto con el diseño gráfico basado en la tipografía y la fotografía que imitaba o sugería la aerodinamicidad . Tengo la impresión de que el tránsito de lo moderno del siglo XX a lo transmoderno del XXI pivota en torno al eje de una aceleración que ya no es sólo la velocidad de la aviación y la automoción sino que aspira a una mutación radical y cualitativamente distinta: alcanzar la instantaneidad superando definitivamente los límites espaciotemporales.</p>
<blockquote><p>Toda una cultura de la modernidad, el futurismo de las dos primeras décadas del siglo XX, estuvo marcada por el culto a lo veloz en la realidad empírica y en la simbólica</p></blockquote>
<p>Gene Roddenberry fue uno de los verdaderos visionarios de las últimas décadas del siglo pasado, genio comparable al de Alvin y Heidi Toffler e inspiración luminosa semejante a la de Elanor Roosevelt. Como guionista de la serie “Star Trek” perfiló una parábola futurista en la que, a diferencia de “Star Wars”, no se recuperaba la narración del mito perenne sino que se apuntaba directamente a la cuestión central que encierra el advenimiento del futuro: poner la tecnología y su máxima expansión espaciotemporal al servicio de la democracia, la tolerancia, la diversidad y la convivencia. Es la epopeya de Roddenberry y no la de Lucas la narración verdaderamente futurista de nuestro tiempo; en ella se encierra el interrogante que determinará la posible supervivencia y desarrollo de nuestra civilización. Cada capítulo de “Star Trek” es una lección de democracia, en el que se señalan como deseables e irrenunciables los valores del pluralismo, el reconocimiento mutuo y el progreso compartido. La nave Enterprise es un epítome de la república ideal, en la que seres inteligentes nacidos en distintas razas provenientes de planetas diversos conviven y cooperan para llevar hasta una nueva frontera (de resonancias kennedianas) el modo correcto de vivir. Y no sólo seres “humanos” vivos sino incluso androides en perfecta armonía con los nacidos digamos biológicamente. La confrontación se produce con el surgimiento no del diferente sino de quien ostenta mala voluntad, violencia fruto de la ignorancia y agresividad ocasionada por el afán de dominio. La Enterprise se defiende debidamente pero trata de establecer una coexistencia pacífica en el seno de la cual intenta tender puentes de comunicación y entendimiento por encima de las barreras culturales e idiomáticas (el críptico idioma Klingon como símbolo de ello).</p>
<p>“Star Trek” anticipó ya en los 60 gran parte de la tecnología de la comunicación que disfrutamos hoy, desde el teléfono móvil inalámbrico hasta las computadoras operadas por voz, pasando por las pantallas táctiles y las interficies de las palm hasta llegar al ordenador ubicuo y capaz de operar con enormes bases de datos y la inteligencia artificial. Pero el <em>gadget</em> más espectacular de la serie –si dejamos de lado la nave espacial—es el teletransportador, ingenio capaz de desmaterializar un cuerpo en un lugar y materializarlo en otro distinto y distante.  Estoy convencido de que cualquier tecnólogo visionario digno de tal nombre sueña con poder crear un artilugio de esa guisa, lo que supondría el primer intento serio de acometer los límites impuestos por la determinación espaciotemporal (con el permiso del queridísimo Herbert George Wells y su máquina del tiempo). Solamente así podría emprenderse la verdadera carrera espacial, dado que un viaje interestelar solamente podría ser asequible al hombre si se realizara a través de la variable tiempo en lugar de la variable espacio: la nave intergaláctica será una máquina del tiempo o no será.</p>
<p>Que no crea el amable lector que he pasado de hablar de la aceleración de las comunicaciones en su producción y recepción a tratar de la famosa serie de televisión en un excurso impropio de lo que aquí se habla. Desde que el hombre aprendió a montar a caballo para transitar más deprisa sobre la tierra hasta que disparó el primer cohete más allá de la atmósfera, la idea fija que ha marcado la línea de avance del progreso ha sido el intento de superar las limitaciones del espacio y el tiempo. Del espacio: las epopeyas de Alejandro, Marco Polo y Cristóbal Colón. Del tiempo: la invención del teléfono, el telégrafo y la radio. Más lejos, más deprisa, con la esperanza de alcanzar el punto omega del asunto: hágase inmediatamente. La extrema aceleración de las comunicaciones actual no es más que un paso adelante en esta línea de desarrollo histórico. Lo que parece nuevo es en realidad muy viejo. El <em>smartphone</em> que nos conecta rápidamente con la lejanía no es más que un Miguel Strogoff llevado a sus últimas consecuencias (¡gracias, Verne!).</p>
<blockquote><p>El cambio cualitativo decisivo vendrá cuando seamos capaces de experimentar un cambio cognitivo en el que nuestros sentidos sean capaces de procesar la información sin problema, daño ni menoscabo de la inteligencia a velocidades muy superiores</p></blockquote>
<p>Así que desde esa perspectiva quizás podamos contemplar de otro modo lo que se viene: el cambio cualitativo decisivo en nuestra cultura vendrá cuando seamos capaces de experimentar un cambio cognitivo tan descomunal en el que nuestros sentidos y nuestra mente sean capaces de procesar la información sin problema, daño ni menoscabo de la inteligencia a velocidades muy superiores de las que actualmente implica nuestra capacidad actual en lectura, visionado, cognición y reflexión. A veces me pregunto, cuando los educadores nos mostramos inquietos ante la velocidad e instantaneidad que la comunicación y los videojuegos proponen a niños y adolescentes, si no estamos invirtiendo los términos de la cuestión. ¿Y si el problema no fuera que los más jóvenes resultan afectados por esa aceleración sino que ellos no disponen de medios cognitivos evolutivos para aceptarla y adaptarse? Soy consciente de que actualmente hay que tomar con pinzas estos interrogantes, dada la situación realmente existente en el campo de la educación con sus educandos. Pero hay algo de lo que podemos estar seguros: el proceso de aceleración que hemos descrito no va a detenerse ni siquiera a aminorar la marcha, todo lo contrario. Y llegará a su punto culminante cuando nuestra civilización, en su completo conjunto cultural, tecnológico, antropológico y social, tendrá que hacer frente a un descomunal salto cognitivo fruto de aquel proceso, que planteará un reto evolutivo de un calado insospechado.</p>
<p>Hagamos caso a la fina intuición de Gene Roddenberry y pensemos por un instante que el mundo humano tal como lo hemos ido construyendo apunta a la instantaneidad factual de los acontecimientos. El teletransportador por desmaterialización como preludio de la máquina del tiempo. La superación de los límites espaciotemporales mediante una correcta comprensión definitiva de la naturaleza de la materia… y de la mente. Eso es lo verdaderamente nuevo y no las toscas espaditas laser de los caballeros Jedi.</p>
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		<title>Alfabetización mediática contra periodismo amarillo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Oct 2017 10:32:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Alfabetización mediática]]></category>
		<category><![CDATA[Amarillismo]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación digital]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Durante mucho tiempo se ha creído que el periodismo amarillo es el que se practica en diarios en formato tabloide, impresos a dos tintas o a todo color, con tipografía llamativa y titulares engañosos, chocantes o directamente repugnantes a la razón o al decoro. Ahora, sin embargo, a medida de que la prensa impresa va [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Durante mucho tiempo se ha creído que el periodismo amarillo es el que se practica en diarios en formato tabloide, impresos a dos tintas o a todo color, con tipografía llamativa y titulares engañosos, chocantes o directamente repugnantes a la razón o al decoro. Ahora, sin embargo, a medida de que la prensa impresa va recorriendo un camino que parece conducir de la duda a la involución (salvo meritorias excepciones) comprobamos que se puede hacer amarillismo con titulares de cuerpo 36 y portadas compaginadas en columnas.</p>
<p>El ejercicio cotidiano de lectura de las portadas de los diarios nos alecciona sobre ese engullimiento que el amarillismo disimulado y el sin disimular practica con el periodismo. Se trata de un ejercicio esforzado porque tal simulación es ejercida con precisión de orfebre. Y es así no porque busque vender diarios; su negocio ya es otro. Personas de buena fe imbuidas de un loable ánimo moralizante han creído siempre que los medios sensacionalistas buscan el enriquecimiento de sus empresas mediante la expansión de la difusión. Quizá fue así durante un tiempo pero ya no. La persuasión publicitaria, con su argumentación retórica y su complejidad semiótica está siendo sustituida por una incipiente aunque intensa interpelación personal en red, en la que aparece con toda crudeza el sempiterno modo dual de manipulación social: mediante la intimidación o mediante el halago (que es lo que ha llevado a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, y por eso desprecia a los medios y los periodistas, por considerarlos obsoletos y contraproducentes para sus fines).</p>
<blockquote><p>Se puede hacer amarillismo con titulares de cuerpo 36 y portadas compaginadas en columnas</p></blockquote>
<p>La prensa diaria nos ofrece cada día en las portadas que cuelgan de los quioscos unas persistentes lecciones de minitrumpismo. Para disimular, acusan a Twitter de ser escenario de discusiones de barra de bar cuando en sus propias páginas se encuentran peores infundios recubiertos por la pátina del libro de estilo, que es la capa que todo lo tapa. Lo hacen porque su objetivo es la venta pero no al público sino a quienes pagan de verdad su fiesta: los bancos y los intereses políticoinstitucionales que deciden sobre el acto financiatorio. Los diarios no editorializan ya en sus artículos <em>ad hoc</em> que se presentan como tales sino en los titulares principales. Siempre se ha hecho así, cierto, pero ahora más y con mayor descaro. Léanse con lupa los titulares de portada de uno u otro cotidiano y se comprobará que su redacción no ha sido pensada para servir al lector sino para simular una cierta retórica informativa y por tanto admisible que en realidad no concuerda con los hechos sino que trata de inducir sensaciones en el lector desprevenido. Por eso se le llama sensacionalismo y por ello en la motivación que lo inspira reside la esencia del periodismo amarillo: en escribir no atendiendo a los intereses de los lectores –que como ciudadanos son titulares del derecho democrático a la información—sino en los de quienes han de proporcionar beneficios privados a las empresas y a los intereses políticos a los que sirven.</p>
<p>Cuando comencé a ejercer de periodista, a finales de los años 60, algunos profesionales de la información y de la educación ya reclamábamos la introducción en la escuela de los periódicos como elemento didáctico. Éramos conscientes de que la educación debe incluir la capacidad de comprender la información para poder gozar de ese derecho. Ahora, cinco décadas después, la práctica de la alfabetización mediática es ya ineludible, a causa del mismo imperativo pero por mor de otro adicional que no se puede soslayar más: los alumnos deben prepararse para vivir en un mundo en el que su libertad de opción no sólo social sino incluso personal se juega sobremanera en el campo de la información.</p>
<blockquote><p>Los alumnos deben prepararse para vivir en un mundo en el que su libertad de opción no sólo social sino incluso personal se juega sobremanera en el campo de la información</p></blockquote>
<p>La alfabetización mediática que la UNESCO propone como tarea ineludible de educación democrática tiene que practicarse no sólo con mirada crítica sino con calibre de pie de rey. No es un problema de tecnología sino relativo a las llamadas competencias de lectoescritura, que quieren decir simplemente ser capaz de entender lo que se lee y de expresar lo que se piensa. La alfabetización mediática va un poco más allá: saber interpretar el porqué de lo que han escrito otros (y por eso esta nueva disciplina forma parte con todos los honores de las humanidades: porque es una hermenéutica).</p>
<p>El desenmascaramiento de la postverdad –que no es más que una mentira que no se confiesa a sí misma como tal—pasa por una hermenéutica exigente que desvele las imposturas del titular editorializante disfrazado de elemento informativo (se rompe la sacrosanta separación de la información y la información desde la misma portada, y todos tan frescos). Porque el amarillismo rampante de la prensa española actual se ejerce agazapado en la maraña de una escritura periodística equívoca que ya no trata de convencer mediante la persuasión retórica sino por la introducción machacona de palabras consigna y la distorsión deliberada del componente informativo a beneficio de la tergiversación mediante la opinión enmascarada y la inducción de sensaciones.</p>
<blockquote><p>Se equivocarán quienes crean que la comunicación basura se limita a formatos de televisión groseros o a difusiones insultantes en redes sociales</p></blockquote>
<p>Léanse pues atentamente día a día los titulares de portada de la prensa impresa y se hallará que entre nuestros editores patrios de hoy existen algunos que no tienen nada que envidiar a los Murdoch o los Springer; les han superado ampliamente en capacidad de engaño disimulado y sostenido fraudulentamente con artificios que remedan la información cuando sólo pretenden torcer sentidos y deformar hechos. Ya no es la foto de un falso Hugo Chávez difunto en portada un día, es la titulación tendenciosa un día sí y otro también.</p>
<p>Se equivocarán quienes crean que la comunicación basura se limita a formatos de televisión groseros o a difusiones insultantes en redes sociales. La verdadera contaminación mediática trata de colarse en la fiesta vestida de formatos informativos y tipografías conservadoras, aparentando una cierta altivez, adulando a la cultura de cejas altas y haciéndose la ofendida. ¿Les parece extraño? Hace años que Rupert Murdoch lo ensayó en <em>The Times</em> con muy notable éxito.</p>
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		<title>Whatsapp, los adolescentes y el nuevo no tiempo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 May 2017 06:00:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[cambios]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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		<category><![CDATA[Starred]]></category>
		<category><![CDATA[TIC]]></category>
		<category><![CDATA[WhatsApp]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La caída de Whatsapp la primera semana de mayo fue un acontecimiento tecnológico de primer orden pero también una conmoción comunicacional nada desdeñable. Especialmente en el mundo adolescente y preadolescente: “¡Mamá, es que me he quedado incomunicada!”, clamaba desde su habitación a las 11 de la noche la hija de unos conocidos míos, de 12 [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La caída de Whatsapp la primera semana de mayo fue un acontecimiento tecnológico de primer orden pero también una conmoción comunicacional nada desdeñable. Especialmente en el mundo adolescente y preadolescente: “¡<strong>Mamá, es que me he quedado incomunicada</strong>!”, clamaba desde su habitación a las 11 de la noche la hija de unos conocidos míos, de 12 años.</p>
<p>Tenía toda la razón; mi generación se quedaba “incomunicada” cuando, mientras jugábamos en la calle y llegaba la hora de la merienda o el anochecer, nuestras madres salían al balcón y bramaban “¡Neneee, pa’ casaaa!”, con tanta vehemencia como la chiquilla antes mencionada, y cada mochuelo regresaba a su olivo subiendo a toda prisa por las escaleras de los respectivos domicilios. En mi último libro publicado, “Hazlo con tu smartphone”, un servidor advertía de que “quienes miran mal el teléfono portátil de bolsillo deberían hablar con los migrantes, que encuentran en él el vínculo que les une a sus países y familias; con los jóvenes, que tienen en él la ligazón con sus iguales coetáneos que les permiten –si hacen buen uso de ella—potenciar su crecimiento personal en el seno del grupo; con los ancianos, que tienen en esa tecnología un vínculo que combate el abandono, la soledad y el desvalimiento”. Las redes sociales constituyen el <strong>eje vertebrador</strong> de lo que llamo en esa obra “la vida móvil”, un hecho sociocomunicativo que supera las meras consideraciones relativas a la tecnología de la comunicación. La vida móvil es un nuevo modo de vivir propio de la sociedad comunicacional que se caracteriza por abrir una brecha profunda, cuantitativa y cualitativa, en un elemento fundamental de la antropología humana: la vivencia del tiempo y del espacio.</p>
<blockquote><p>La vida móvil es un nuevo modo de vivir  que se caracteriza por abrir una brecha profunda en la vivencia del tiempo y del espacio</p></blockquote>
<p>Cuando los adolescentes se dan cuenta de que su cordón umbilical con el grupo de pertenencia pende de un frágil hilo y entran en pánico comprobamos que uno se halla ante algo más que la privación momentánea de un capricho. Del mismo modo que el antropólogo Marc Augé ha teorizado con fortuna sobre la irrupción de “no lugares” en los espacios de convivencia urbana, la vida móvil nos pone frente a la mirada la realidad de un no tiempo. Quizás deberíamos pensar más sobre ese no espacio y no tiempo que se abren paso en la sociedad comunicacional, pues si esos hechos persisten y llegan a influir en mayor medida es que nos encontramos no sólo ante un cambio de modos de comunicación, de producción, de trabajo y de distribución de la producción sino a un <strong>cambio de civilización</strong> central de un alcance descomunal.</p>
<p>Toda civilización se experimenta a si misma mediante la vivencia del tiempo y del espacio y todo cambio civilizacional se produce operando cambios subjetivos e incluso objetivos en ambos “ámbitos”. De hecho, la historia de la civilización moderna no es otra cosa que la lucha por domeñar y modificar las magnitudes espacio y tiempo en relación con nuestra personalidad subjetiva y al mismo tiempo objetivar esto para articular el conjunto de la sociedad en torno suyo. La civilización industrial arranca verdaderamente cuando se combinan dos inventos sensacionales: el reloj y el ferrocarril (y por ello durante décadas el paradigma de la eficiencia civilizada ha sido la puntualidad de los trenes).</p>
<p>Si estamos abocados a un cambio civilizatorio entonces necesariamente tendremos que habérnoslas con una relación distinta con el espacio y el tiempo. La sociedad postindustrial conserva de su predecesora la pasión por la velocidad y la rapidez –que no son exactamente lo mismo—y por la intensidad. “Fast and furious”; el título de la película parece un lema apropiado para la tendencia. La cultura pop juvenil ha sido la crónica de esa pasión, por lo menos desde James Dean y su muerte al volante de un Jaguar, de la breve intensidad con que vivieron Janis Joplin y Jimi Hendrix y de las locas carreras al trote de John, Paul, George y Ringo en “A hard day’s night” (el teléfono móvil preocupa e inquieta tanto a los padres ahora como ayer lo hicieron los Beatles). Pero todo ello sucedía en el marco del tiempo industrial y provenía de mitos relacionados con tiempo y espacio largamente asentados en nuestra mitología: la alfombra voladora de Las mil y una noches y la máquina del tiempo de Herbert George Wells. Ahora muchas cosas parecen indicar que el nuevo tiempo va a ser en verdad un tiempo nuevo, comenzando por la relación subjetiva e interpersonal con el devenir de los minutos.</p>
<blockquote><p>Buena parte de la desazón de las nuevas generaciones en las aulas, hogares y espacios de diversión corresponde al inicio de un cambio profundo en la vivencia del tiempo y los desajustes propios</p></blockquote>
<p>Se me hace que buena parte de la desazón que recorre los corazones de las nuevas generaciones de infantes y preadolescentes en las aulas, los hogares y los espacios de diversión corresponde al inicio de un cambio profundo en la vivencia del tiempo y los desajustes que le son propios. Quizás fuera útil considerar asuntos como el TDAH y similares bajo esa perspectiva: está en juego algo más que la capacidad de atención, concentración y paciencia porque parece que nos hallamos ante una mutación de cariz más amplio y generalizado. Se extiende un clima de requerimiento a la rapidez en la respuesta y el suministro de estímulos que proporciona satisfacción fugaz y desazón permanente. Si ese cambio es como me temo más que circunstancial y localizado, entonces nos encontramos ante un imperativo educativo de mucho mayor calado que otros previos. En la sociedad industrial la exigencia fue la puntualidad y la coordinación, en la circulación de los ferrocarriles, la producción en las fábricas y el desarrollo de la vida escolar; en la nueva sociedad comunicacional deberemos hacer frente a una vivencia personal y grupal del tiempo individual y colectivo que aún no alcanzamos a comprender cómo va a ser. El tintineo de la llegada de whatsapps a nuestro móvil es simplemente un leve aviso de lo que se viene, que nos reclama clarividencia, capacidad de reacción y adaptación a una nueva manera de estar en el tiempo y en el espacio, es decir, en el mundo. No creo que ni yo ni nadie seamos capaces de prever (ver antes de) cómo habrá que afrontar esto. Porque no hay marcha atrás (ni siquiera con el movimiento <em>slow</em>, ni tampoco con la práctica del <em>mindfulness</em>) cuando estamos en medio de una crisis civilizacional como la presente.</p>
<blockquote><p>Nos falta perspectiva: en las primeras vías ferroviarias se preguntaban si el organismo humano sería capaz de resistir una velocidad de 20 km/h sin desintegrarse</p></blockquote>
<p>Las preguntas son endiabladamente complejas. ¿Más rápido todavía? ¿A qué precio y en qué condiciones? ¿Hasta qué punto? Nos falta perspectiva para considerarlas racionalmente; recordemos que cuando comenzaron a instalarse las vías ferroviarias en el Reino Unido sesudos analistas se preguntaban si el organismo humano sería capaz de resistir una velocidad de 20 kilómetros por hora sin desintegrarse. La diferencia del asunto reside en la distinta cualidad del desplazamiento del ente humano a una velocidad determinada por el espacio y la vivencia mental de uno mismo en un tiempo acelerado (y parafraseo aquí a propósito un título de Philip K. Dick). La modernidad atacó el corazón de la velocidad objetiva mientras que la sociedad comunicacional va al núcleo de la vivencia del tiempo de manera objetiva y subjetiva a la vez. La pregunta del millón de dólares es, pues, cómo se educa para eso, en eso e inevitablemente con eso. De momento apunto una pista: el problema no es vivir en la rapidez sino la demanda constante de intensidad. Porque la primera es asumible pero la segunda es insaciable. La trampa: rapidez e intensidad como evitación de la profundidad. Ahí está el detalle, como decía Cantinflas.</p>
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		<title>Innovación en los informativos de TV</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 May 2017 12:06:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Gabriel Jaraba para Observatorio Oi2 El horizonte que  se nos ofrece con la innovación de los informativos de televisión  es tan ambicioso como azaroso.  Los problemas a los que esa innovación responde y que al ser asumida se nos plantean a su vez reformulados no son inferiores a los que tiene que enfrentar la [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/tribune/innovacion-los-informativos-tv/">Innovación en los informativos de TV</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Por: Gabriel Jaraba para <a href="http://oi2media.es/">Observatorio Oi2</a></em></p>
<p>El horizonte que  se nos ofrece con la innovación de los informativos de televisión  es tan ambicioso como azaroso.  Los problemas a los que esa innovación responde y que al ser asumida se nos plantean a su vez reformulados no son inferiores a los que tiene que enfrentar la prensa impresa. Pero el volumen y complejidad de las estructuras de producción y difusión del medio televisivo hacen que la tarea de dinamización que su innovación conlleva sea un empeño no sólo ingente sino enormemente arriesgado.</p>
<p>Si la prensa impresa se enfrenta a su propia supervivencia como medio que se expresa en un soporte de papel, en el caso de la televisión el reto no es menor: <b>cómo va a transformarse y subsistir en un universo multiplataforma en el que no solamente se va a luchar por porciones de audiencia y cuota cada vez más pequeñas sino por la propia relevancia de la televisión informativa.</b> Este es el alcance de la partida en juego: innovación para operar en la centralidad comunicacional u obsolescencia a través de la irrelevancia. Pero la naturaleza de esa innovación requerida no es meramente un problema tecnológico.</p>
<h5>No es la tecnología, son los contenidos</h5>
<p>Seamos claros: la tecnología ligera y rápida ya no impresiona a nadie. Todos llevamos un smartphone en el bolsillo y vivimos en un ecosistema comunicacional en el que la inmediatez y la rapidez establecen las prioridades. Los públicos más jóvenes viven en un mundo de inmediatez informativa –o pseudoinformativa—propiciado por la telefonía móvil y la capacidad de respuesta de las redes.<b> Lo que ha de marcar la diferencia no es la adoración a los gadgets sino los contenidos y su relevancia en términos de centros de interés real para públicos realmente existentes.</b> No se trata de lo más impactante, más moderno o vistoso, se trata de lo que realmente interesa a la gente real y concreta.</p>
<p>Aparece aquí en nuestro camino de interrogantes, cuando estos se dan en el seno de una televisión de gran audiencia, un carro que viene aparejado antes que los bueyes. Cuando los medios buscan respuestas aparece todo tipo de instancias institucionales o entidades privadas que sueñan con ganar influencia institucional y expertos diversos que disponen de fórmulas que aparentemente encierran la solución. Ninguno de ellos, curiosamente o no, es periodista, comunicador, realizador, operador de cámara o eléctrico. Y todos ellos olvidan que la cuestión es tan simple y tan compleja a la vez como esta: o lo que haces interesa al público o no. Y este interés no nos lo va aportar ningún código deontológico, ningún mandarinato cultural ni ningún auspicio institucional. El interés lo suscitan los contenidos y la capacidad de proponerlos mediante lenguajes capaces de comunicar y de mediaciones capaces de sintonizar lo necesario con lo oportuno.</p>
<p>La tarea de buscar, hallar y servir contenidos de interés en la televisión informativa del siglo XXI corresponde a los periodistas. Asistidos por expertos en guión, creadores de narrativas transmedia, operadores de cámara, realizadores, editores. Que deben hacer lo que saben hacer: ir a donde está la gente, enterarse de lo que le pasa a la gente y contárselo a la gente. Otros profesionales podrán ayudarles en la tarea, incluso enseñarles a actualizarse, pero no sustituirles. Hace demasiado tiempo que las empresas informativas sueñan con poder hacer periodismo sin periodistas y los resultados están a la vista de todos con sólo asomarse a los quioscos (o a los quioscos que van quedando en las calles).</p>
<p>La buena noticia es que el actual desarrollo tecnológico permite que los periodistas hagan la tarea de buscar, hallar y servir información  de la manera más rápida, ligera y eficiente posible. La mala noticia es que si ponen el carro delante de los bueyes acabarán perdiendo por el camino tanto los bueyes como el carro. Y poner el carro delante de los bueyes quiere decir creer que es la tecnología por sí sola la que les va a traer al público. Porque de momento lo que la tecnologización de las redacciones en general, o lo que pasa por ser tal, ha tenido como consecuencia es que los periodistas se queden dentro de ellas en lugar de salir a ver qué le pasa a la gente.</p>
<p>La televisión no se puede permitir ese lujo. <strong>N</strong><b>o puede contentarse con pseudonoticias sino que tiene que ofrecer imágenes vivas de cosas que están pasando ahora mismo en la vida. Esa es su ventaja sobre los otros medios.</b></p>
<p><a href="http://oi2media.es/wp-content/uploads/2017/03/DSC9274301116.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-2850" src="http://oi2media.es/wp-content/uploads/2017/03/DSC9274301116-1024x681.jpg" alt="_DSC9274301116" width="1000" height="665" /></a></p>
<h5>Los escenarios del cambio y sus implicaciones</h5>
<p>¿Pero de dónde van a salir los nuevos contenidos que necesita la televisión pública conectada de la sociedad?</p>
<p>No de grupos creativos aislados, comités de estudio o think tanks sino de donde siempre han salido: de la gente y de las interacciones que se producen entre las gentes.</p>
<p>La regla de oro de la comunicación: ¿qué le interesa a la gente? Lo que hace la otra gente. La tecnología no es interesante por sí misma; a nadie se le ha visto extasiado ante una lavadora o un frigorífico de última generación en la sexta planta de El Corte Inglés. La tecnología que nos interesa es la que nos pone en contacto con otros seres humanos, con realidades humanas. No son las maquinitas ni las pantallitas lo que centra el interés, lo son las personas. La tecnología que nos llama la atención es la tecnología de la comunicación que permite poner en contacto entre sí a los seres humanos, a sus mentes y a lo que dimana de sus vidas. <b>La cosa no va de chips sino de neuronas.</b></p>
<p>¿Pero qué es lo que hace exactamente la tecnología? La tecnología no es, como pudiera pensarse, una mera prótesis, que nos permite llegar a donde no podemos hacerlo por nuestros únicos medios. La tecnología es una mediación, y por tanto no sólo es vehículo sino también mensaje. Nada menos que en 1964 dijo Marshall McLuhan aquello de que el medio es el mensaje, algo que sólo ahora alcanzamos a comprender. Una mediación es un lenguaje y un sistema de interpretación. Por lo tanto las nuevas tecnologías de la comunicación no nos ofrecen medios para hacer lo que hemos hecho siempre sino que nos abren un mundo nuevo y diferente. La tecnología no aísla a las personas sino que las vincula más estrechamente entre sí. El aislamiento surge cuando se hace un mal uso de la tecnología de la comunicación utilizándola para fines distintos al de comunicar. A mayor potencial y complejidad de la tecnología comunicativa mayor potencial y complejidad de comunicación humana. Y por tanto mayor complejidad y poder de las situaciones humanas en que desemboca el uso de la tecnología.</p>
<p>Las tecnologías no son nada sin las decisiones humanas que las animan e implementan. El problema que se nos plantea, pues, no es solamente el uso certero y excelente de la tecnología sino los que se desprenden de situaciones como las que describimos en los próximos párrafos.</p>
<p><b>No se trata solamente de implementar unas nuevas rutinas de producción sino de construir un ecosistema entero de producción y difusión de información</b> que engloba tanto a la redacción como a las propias realidades sociales en las que se introducen sus periodistas y a sus protagonistas, tanto como objeto de información como en tanto que público.</p>
<p>Un nuevo ecosistema semejante trastoca las relaciones verticales de asignación de coberturas y de supervisión de contenidos. Hace replantearse el papel de los periodistas no sólo como agentes de captación de información sino como dinamizadores del ecosistema del cual han de surgir los productos informativos.</p>
<p>Cuanto más ligera es la tecnología y dinámicos son los procedimientos que permite y suscita, más rápidas se convierten las rutinas de producción. Lo que obliga a una toma de decisiones no solamente más veloz sino más compleja y certera en condiciones precarias.</p>
<p>Un ecosistema, unas tecnologías y unas relaciones informativas que se den en ese nuevo escenario deberán contar con la participación de la audiencia. Eso va más allá, mucho más allá, de la interacción en redes sociales, la incorporación de elementos de periodismo ciudadano o el dar voz a determinados testimonios o protagonistas de los acontecimientos. <b>La televisión deberá hallar de una vez el modo de hacer lo que en su día consiguió la radio en directo mediante las líneas telefónicas abiertas: vincular estrechamente emisores y receptores en torno a la construcción de una narración informativa viva que se desarrolla sobre la marcha y cuya tensión en directo configura los lenguajes, los formatos y las orientaciones de los programas.</b></p>
<p>La suma de tecnologías móviles, redes sociales y ecosistemas informativos amplios, dinámicos e inclusivos conducen a la televisión hacia una nueva dimensión: convertirse en un medio total. Si internet se presenta bajo la vocación de convertirse en la plataforma centralizadora del consumo de información, entretenimiento y formación, la televisión puede devenir el eje articulador de los contenidos audiovisuales y las interacciones correspondientes que se puedan dar en esa plataforma global. Una nueva televisión informativa integral, dinámica e interactiva, solamente se puede dar en el seno de esa plataforma global que, de momento, aún está demasiado fragmentada. Es la fuerza de la televisión la que le puede ayudar a dar el salto definitivo en esa dirección. Hay muchas pantallitas en ese ámbito pero el poder de la pantalla televisiva sigue ejerciendo un rol de polarización nada desdeñable. La televisión crea tendencias, lidera inclinaciones, propone modelos y acaba por establecer elementos hegemónicos en la comunicación y en la vida social. Ese patrimonio no debe ser echado por la borda sino puesto a liderar la dinámica multipantalla de la comunicación integral y a hacerlo mediante la apertura al diálogo y la interacción con el público.</p>
<p>La interactividad a la que cabe aspirar no es una mera interactividad tecnológica sino una interactividad social. De hecho, el periodismo aspira desde su fundación en la modernidad a esa interactividad: reunir a gestores de información, opinión y formación con sus públicos para formar lo que llamamos opinión pública. El camino que emprendemos actualmente no es pues una ruptura sino una continuidad que aspira a su culminación. Esa es la buena noticia. La mala es que en esa concepción de la información total en una sociedad abierta no hay lugar para esconderse. No se pueden disimular las agendas ocultas, que serán fuertemente cuestionadas por las realidades sociales que el público venga a poner de relieve; no se pueden encubrir las dinámicas autoritarias, que quedarán cuestionadas por las necesidades impuestas por una producción ágil y rápida; no pueden quedar impunes los tratamientos superficiales y oportunistas, que serán puestos en evidencia ante una corriente informativa fiel a la realidad.  Y si se puede hacer todo eso, entonces las consecuencias serán más evidentes, porque en un ecosistema dinámico, inclusivo y transparente todo lo que contradiga estas características esenciales redundará en perjuicio de la calidad de los contenidos.</p>
<p><a href="http://oi2media.es/wp-content/uploads/2017/03/IMG_3639.jpg"><img decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-2848" src="http://oi2media.es/wp-content/uploads/2017/03/IMG_3639-1024x576.jpg" alt="IMG_3639" width="1000" height="563" /></a></p>
<h5>No es la tecnología, son las personas</h5>
<p>Estos escenarios configurados por la tecnología y su aplicación por el periodismo televisivo deberían desembocar en ciertas consideraciones respecto a los contenidos que esas situaciones han de producir:</p>
<p>La tecnología y sus dispositivos no son lo prioritario, lo es la conexión que permiten mantener con las personas; lo es su potencial de recoger, formatear y servir mejor los contenidos que las atañen. En no más de cinco años los dispositivos que hoy conocemos y sus funciones se habrán transformado profundamente y continuarán haciéndolo. Solamente podremos descubrir su empleo en un mejor periodismo televisivo si tratamos de deducir de ellas lenguajes y formatos posibles, que se desprendan lógicamente no sólo de su determinación tecnológica sino del modo como se produce su recepción por parte del público y que lenguajes y formas de comunicación desarrolla la gente a partir de la tecnología.</p>
<p><b>Los contenidos televisivos no surgen predeterminados tecnológicamente, se descubren al explorar formas de llegar a la audiencia y de relacionarse con ella.</b> La tecnología facilita, propicia, descubre algo posible, pero lo que genera contenidos es el ingenio creativo aplicado a la tecnología y mediante la tecnología. El digamos ejercitamiento tecnológico no nos va a aportar nuevos contenidos por si mismo si no va acompañado por una reflexión paralela y consecuente con los atisbos que ese ejercicio nos aporta.</p>
<p>Los contenidos no se crean en solitario sino que surgen del trabajo grupal, y de un trabajo sobre el terreno. La idea potencialmente más genial necesita del oxígeno del exterior para poder ser validada en términos comunicacionales efectivos.</p>
<p>En suma: contenidos informativos quiere decir periodismo.<b> Innovación en contenidos informativos implica hacer más y mejor periodismo. </b>Por tanto, se trata de crear y producir contenidos que contengan noticias y no pseudonoticias, acontecimientos y no meros sucesos, asuntos que interesen a la mayoría y no sólo a sus implicados, que promuevan la creación de opinión pública y no la satisfacción del interés particular.</p>
<h5>Estructuras versus contenidos, un falso problema</h5>
<p>En estas, el problema que surge es el que resulta de las estructuras organizativas en las que se dan las rutinas de producción y la toma de decisiones en el seno de una empresa televisiva. Innovación en informativos no implica únicamente innovación tecnológica, en lenguajes y en consideración de contenidos sino en las estructuras en las que los contenidos, las producciones y las emisiones se producen. Y aquí es donde pueden surgir los obstáculos y las resistencias más problemáticas al respecto.</p>
<p>Hubo un tiempo en que las empresas de televisión fueron concebidas como grandes corporaciones o incluso remedos de ministerios. Con los años, se ha llegado a apreciar que las estructuras ligeras son más favorables a una producción informativa más eficiente. Pero ni las grandes estructuras garantizaban una información de calidad ajustada a la realidad ni los medios y recursos ligeros van a proporcionarnos lo mismo automáticamente. En la búsqueda de procesos de innovación televisiva debemos atrevernos a experimentar tanto con rutinas de producción y lenguajes como con las estructuras que los amparan.</p>
<p>Ninguna estructura corporativa en la empresa de televisión debería sentirse amenazada o cuestionada por la existencia de dinámicas basadas en la ligereza instrumental y la rapidez en la toma de decisiones. Quienes custodian la solidez de la arquitectura corporativa de la empresa y quienes se comprometen con el riesgo de contactar de manera mejor, más eficiente y más significativa con el público al que la empresa sirve son aliados. Aliados si no de grado por fuerza: unos y otros se juegan en esta partida la relevancia y continuidad de su empresa y de su trabajo. Una empresa de televisión de dimensiones grandes debería de poder soportar sin excesivos riesgos unidades ligeras de experimentación que se rigieran por criterios innovadores alejados de los imperantes en la centralidad de la empresa.</p>
<p>No solamente soportarla en tanto que sostenerla y tolerarla. Quizás debería buscarse la manera de que las estructuras “pesadas” pudieran fortalecer las unidades “ligeras” en un tipo de articulación que optimizara las dos maneras de trabajar en el seno de la empresa. El potencial que se desencadenaría de semejantes experiencias tendría una fuerza incomparable al del que se pudiera dar en otro tipo de estructuras.</p>
<p>De hecho, si tal experimentación debilitara la empresa en lugar de fortalecerla ello solamente podría significar tres cosas: la experimentación está mal realizada, la experimentación está bien hecha pero aplicada erróneamente o la estructura corporativa demuestra una inquietante debilidad cuando se trata de implementar en su seno un proceso de innovación.</p>
<p>Aparece entonces un elemento de optimismo en esta reflexión: un proceso de innovación semejante puede ser realizado mediante estrategias win-win (todos ganan). Podrá darse una mayor o menor flexibilidad a la hora de abrir camino para procesos de innovación pero lo que resulta es inevitable es acometer los mismos. El mero hecho de poner a prueba el grado de flexibilidad que permita asumir esos procesos es de por sí revelador a efectos de lo que se persigue. Por tanto, una mayor o menor posibilidad de implementación de la innovación no deja de ser un dato en sentido estricto a ser tenido en cuenta para ser analizado y continuar con la deliberación. Del mismo modo cabría considerar el nivel experimental de innovación que en un proceso semejante ha llegado a adoptarse. Win win.</p>
<p>Solamente mediante un análisis desapasionado como el que acabo de describir con simplicidad (pero no simpleza) es posible avanzar por un camino de innovación. Es así como llegamos al núcleo de la cuestión: n<b>o son las resistencias u oportunidades en el sentido profesional y técnico aquello a lo que nos enfrentamos sino al grado de implicación emocional que conlleva para sus protagonistas. </b>Entendiendo que los intereses profesionales y personales concernidos son tan legítimos como expresados igualmente en términos emocionales. Se trata pues, como hemos dicho al inicio, de personas y no de tecnologías inertes. Quizás para aprender a innovar para el público, la gente a la que servimos y que está “fuera” debemos ser capaces de aprender igualmente a trabajar con la gente que está “dentro”, porque tanto unos como otros somos los protagonistas del hecho informativo televisivo, que si se mira con detenimiento, no es un mecanismo inerte sino un fenómeno social y por tanto un ente vivo.</p>
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		<title>No tan líquida, caramba: la educación y la sociedad pétrea</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Feb 2017 21:28:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Información]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad líquida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La sociedad líquida está resultando ser menos líquida que lo que se pensaba. En realidad, es pétrea como una roca y acaba de mostrarse como tal con la victoria por elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América. No porque la personalidad de este hombre sea relevante sino porque con él [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La <a href="https://milmagazine.org/opinion/bauman-tambien-liquido-siempre-profesor/"><strong>sociedad líquida</strong></a> está resultando ser menos líquida que lo que se pensaba. En realidad, es pétrea como una roca y acaba de mostrarse como tal con la victoria por <a href="https://milmagazine.org/opinion/la-tormenta-trump-se-cierne-las-escuelas-norteamericanas/">elección de Donald Trump</a> como presidente de los Estados Unidos de América. No porque la personalidad de este hombre sea relevante sino porque con él las grandes finanzas de Wall Street se sientan en la Casa Blanca para mandar y porque en todas las democracias liberales se alzan con cada vez más fuerza tendencias que pretenden hacer que gobiernen las empresas y el dinero en lugar de las voluntades de los ciudadanos. Y con ello las máscaras empiezan a caer y se muestran por fin los verdaderos rostros de los intereses en juego.</p>
<p>La liquidez de la sociedad teorizada con acierto por el <a href="https://milmagazine.org/tendencias/muere-zygmunt-bauman-padre-la-educacion-liquida/">recientemente fallecido <strong>Zygmunt Bauman</strong></a> lo era en la medida que ese estado denotaba el trasfondo del proceso: proceder a la desarticulación de las masas que protagonizaron la vida social del siglo XX porque las orientaciones de la producción y el consumo habían cambiado. No, por cierto, a causa de “leyes” inapelables de la economía sino porque el sistema de dominación global se empeñaba en revertir las conquistas sociales y democráticas alcanzadas después de 1945 una vez hubo ganado la guerra fría según frase tan popular de Warren Buffett, uno de los cinco hombres más ricos del mundo: “La guerra de clases existe y la hemos ganado nosotros”. La lucha de clases, por cierto, se dio también en el seno de las clases dominantes, pues el capitalismo financiero se impuso al capitalismo industrial, y de ahí que los observadores percibieran la inestabilidad líquida y la fungibilidad gaseosa propias del magma de la sociedad de masas en descomposición.</p>
<p>Pero esa percepción lo era únicamente del océano que rodea al iceberg rocoso. La <strong>sociedad de masas</strong> se desarticula porque el poder del dinero no necesita a los productores rígidamente encuadrados pues la tecnología permite que lo sean de otro modo. En el siglo XIX las naciones fueron construidas mediante el encuadramiento en las instituciones clave: escuela, fábrica, ejército, normativización de la vida social (mal llamada urbanidad), pero en el XXI se deja caer ese sistema de integración o se provoca su caída porque ya no es más necesario e incluso deviene un obstáculo. Ahora la dominación no pasa por la masa encuadrada sino por el individuo desarticulado en camino de ser desestructurado. De ahí que, <a href="https://milmagazine.org/opinion/pasado-la-persuasion-publicitaria-la-manipulacion-traves-la-red/">como señalaba José Manuel Pérez Tornero en Aika</a>, la comunicación dominante ha dejado de utilizar la persuasión de las masas como discurso para pasar a emplear directamente la presión sobre los individuos.</p>
<blockquote><p>La promesa de que Internet llegase a ser una palestra cívica de intercambio de información y opinión se desvanece y la red se muestra como rompeolas de individualismos desarticulados</p></blockquote>
<p>¿Y cómo se opera mediante la presión directa, se preguntará uno? Pues como siempre se ha hecho: mediante la seducción, el halago, el miedo o el cultivo del rencor y el odio. Donald Trump ha ganado las elecciones combinando esas pasiones, al presentarose como alguien que iba a llevar al poder la frustración y la marginación de los trabajadores blancos arrinconados por la globalización. Les ha hecho sentir protagonistas y decisivos, ha apuntado hacia las minorías raciales como culpables de su situación y ha señalado a minorías raciales y religiosas y a naciones extranjeras como obstáculos o peligros. La transmisión de estas pasiones se efectuaba antes mediante la comunicación de masas pero ahora ya no es necesario, de ahí el desprecio que Trump expresa en público hacia los periodistas y comunicadores. La desarticulación social sumada a la <strong>comunicación personalizada</strong> que propicia la red permiten que sea así. La promesa ilustrada de que Internet llegase a ser una nueva palestra cívica de intercambio de información y elaboración de opinión, como la soñaron Tim Berners-Lee, Vinton Cerf y Manuel Castells, se desvanece y la red se muestra como rompeolas de todos los individualismos desarticulados, en el que van a dar las olas de la sociedad líquida.</p>
<p>Es por todas esas razones que <strong>la escuela está en crisis</strong>, puesto que los antiguos escenarios de la educación en la sociedad productiva de masas se derrumban como lo hace el resto de sus instituciones, opinión pública incluida. La educación ya es solamente necesaria para formar cuadros al servicio de las clases dirigentes, capaces de ejecutar órdenes y llevar a cabo directrices de procedimientos instrumentales, y esa reducción de su ámbito conlleva la aplicación de otra estrategia desarticuladora: mantener a la juventud bajo la amenaza permanente de formar parte de un infraproletariado mal pagado y semimarginado, desactivada su capacidad de innovación y transformación gracias a su preparación, imaginación y creatividad. Serían los propios adolescentes y jóvenes quienes se pondrían la soga al cuello mediante el desprecio de la cultura, el hastío de la asistencia a clase, la renuncia al esfuerzo formativo y la aspiración a la profesionalización ilustrada, seducidos por la apelación al narcisismo del éxito y el dinero fácil inalcanzables pero supuestos a través de la contemplación de los hechos de ciertas figuras juveniles que protagonizan los espacios pseudocomunicacionales. La posibilidad de que engrosen un nuevo lumpenproletariado juvenil está ahí como válvula de seguridad que les margine definitivamente de cualquier protagonismo en su vida y en la evolución y el cambio.</p>
<p>La nueva sociedad pétreamente rocosa que emerge de las nieblas de la sociedad líquida nos muestra así <strong>la educación señalada como enemigo a batir por la nueva dominación</strong>. Y nos indica tanto las razones como la necesidad de defenderla para salvar no solamente a los jóvenes sino a todos nosotros. Porque no era una sociedad líquida de lo que se trataba sino que lo líquido es el tsunami de las nuevas corrientes de dominación implacable que se nos vienen encima.</p>
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		<title>Siete consejos para potenciar la creatividad en la vida cotidiana</title>
		<link>https://milmagazine.org/guides/siete-consejos-potenciar-la-creatividad-la-vida-cotidiana/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Feb 2017 21:30:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Guides]]></category>
		<category><![CDATA[consejos]]></category>
		<category><![CDATA[Creatividad]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Motivación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La creatividad es causa y consecuencia del aprendizaje. Con estos sencillos y prácticos consejos podrás cultivarla en tu vida cotidiana para obtener lo mejor de ti </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La <strong>creatividad</strong> preocupa y yo me preocupo por los motivos por los cuales lo hace: ¿se reclama a la escuela que sea creativa para que los alumnos desarrollen su potencial o… porque no se sabe qué otra cosa reclamarle? La escuela comparte con la televisión pública un dudoso honor: se les pide e incluso exige todo tipo de cosas, se les reclaman misiones que no les corresponden y las más de las veces esas reclamaciones son contradictorias entre sí. Tengo la impresión de que la palabra <strong>creatividad</strong> se usa como comodín por la incapacidad de designar las causas de ciertos hechos y la imprecisión al tratar de identificarlas. Quizás la lectura de <em>Fluir (Flow)</em> de Mihaly Csikszentmihaly (Ed. Kairós) o de la web de <a href="http://www.neuronilla.com">Neuronilla</a> podría aclarar ideas a algunos.</p>
<p>Me temo que todo el mundo habla de creatividad en la educación cuando quizás aluden a otra cosa en realidad. Entre algunos innovadores, se trata de una palabra mágica que habría de permitir desbloquear inmovilismos y motivar a los desmotivados (y como dice José Antonio Marina, motivar es hacer que alguien haga algo que no quiere hacer). Entre muchos críticos de ciertas posturas innovadoras, referirse a la creatividad es un quiebro para no afrontar las tareas necesarias y fiar a una palabra mágica la seriedad que la situación requiere. Mientras tanto, la pobrecita creatividad sigue ahí, sin culpa alguna por su parte, porque tanto unos como otros llaman así a algo que no es tal.</p>
<p>Propongo por todo ello que las personas que hablan de creatividad y se interesan por ella comiencen por experimentar con ellos mismos. Para empezar, aclarando conceptos: <strong>la creatividad no es mera espontaneidad, inconcreción o peor aún, arbitrariedad consentida</strong>. Tampoco se trata de algo limitado a las artes, incluso a las plásticas. Ni siquiera lo que ha sido apropiado en exclusiva por la publicidad. <strong>La creatividad es consecuencia y causa del aprendizaje</strong>: la capacidad de dar respuesta a interrogantes de manera certera y de hallar soluciones nuevas a problemas conocidos o imprevistos.</p>
<p>Como la creatividad bien entendida empieza por uno mismo, ahí van unos cuantos consejos prácticos y sencillos para empezar a cultivar la creatividad en la vida cotidiana, introduciendo en ella <strong>pequeñas cuñas que ayudan a potenciar nuestra creatividad innata.</strong></p>
<ol>
<li><strong>Aprecia la excelencia. </strong>Sal a la calle, a los escenarios de tu vida cotidiana, y<strong> </strong><strong>fíjate en lo que hacen las gentes con las que habitualmente te relacionas.</strong> Observa cómo llevan a cabo sus actividades. Trata de percibir lo bien que hacen lo que hacen. Fíjate en la <strong>pescatera,</strong> cómo trocea, limpia y prepara el pescado, o en cómo el <strong>carnicero</strong><strong> </strong>despieza la carne. O bien en el <strong>camarero</strong><strong>,</strong> su forma de tirar la cerveza o preparar el café. ¿En qué reside su excelencia, <strong>por qué hacen tan bien lo que hacen,</strong><strong> </strong>cómo lo hacen? No saques más conclusión que la de percibir y apreciar su excelencia y piensa en cómo harías de bien lo que ya haces haciéndolo como lo hacen ellos.</li>
</ol>
<ol start="2">
<li><strong>Vuelve las cosas del revés. </strong>Observa cómo se hacen las cosas a tu alrededor. Imagina <strong>cómo sería que se hicieran de un modo diferente</strong><strong>.</strong> ¿Qué cambiarías del modo de hacer de los que las hacen? Y luego, ¿cómo podrías aplicar ese cambio a lo que haces tú? Descubre hasta qué punto<strong> </strong><strong>la rutina y la costumbre se han apoderado de tu vida empobreciéndola</strong><strong>.</strong> ¿Cómo saldrías de esa situación, qué cambios harías?</li>
</ol>
<ol start="3">
<li><strong>Mantén muy elevada tu aspiración. </strong>Decimos que trabajamos para ganarnos la vida, para realizar una profesión, para ejercer nuestro empleo. En absoluto;<strong> </strong><strong>hacemos lo que hacemos para cumplir nuestro destino.</strong> ¿Qué es el destino? El lugar de nuestra vida al que tenemos que llegar para acabar siendo quien verdaderamente ya somos. Es bueno y necesario trabajar para vivir, pero <strong>es imprescindible orientar toda nuestra actividad y vida a ser quien somos.</strong><strong> </strong></li>
</ol>
<ol start="4">
<li><strong>Conversa relajadamente con gente interesante.</strong>Dicen que todo se pega menos la hermosura. Adhiérete pues a quienes hacen cosas que desearías para ti o a quienes son como tú quisieras ser. Haz una lista, breve, de gente que conoces que se distingue por algo, algo que te parece interesante<strong>. </strong><strong>Trata de conocer a gente semejante que te atrae o a quien admiras,</strong> si no la conoces pide a algún amigo que te la presente. <strong>Toma café con ellos, charla, pregunta.</strong><strong> </strong>A todos nos gusta que alguien se interese por lo que hacemos, la gente se abre, y no veas cómo, cuando le pides que te cuente el cómo y el porqué de lo que hace.</li>
</ol>
<ol start="5">
<li><strong>Imita a quienes son excelentes. </strong>Copiar tiene mala prensa, pero <strong>copiar lo bueno siempre es recomendable.</strong><strong> </strong>Una cosa es robar ideas de otros y otra muy distinta <strong>aprender a hacer las cosas de quienes las hacen bien</strong><strong>. </strong>Observa, aproxímate, asóciate con la gente que es excelente en su hacer y en su ser y déjate influir. Incorpora actitudes suyas, imita comportamientos, trata de averiguar<strong> </strong><strong>cómo reproducir lo que ellos hacen.</strong><strong> </strong>Eso es el mejor enriquecimiento posible. Nadie es una isla y nadie sale adelante desde el aislamiento.</li>
</ol>
<ol start="6">
<li><strong>Deja volar la imaginación.</strong> Pero devuélvela a su jaula después. <strong>Abre brechas en tu vida cotidiana y concédete momentos de relajación y expansión </strong>en los que aflore mucho material que reside en tu inconsciente. Permítete soñar, imaginar, jugar con las ideas; mira cómics antiguos, ve películas y zapea por la televisión. Dibuja y toma notas desordenadamente y colorea ilustraciones. Son meros ejercicios que entretienen tu mente discursiva y permiten <strong>que aflore tu mente profunda</strong>.</li>
</ol>
<ol start="7">
<li><strong>Juega más, juega como los niños y disfruta. </strong>Jugar es imprescindible y<strong> los niños son los grandes maestros del juego. </strong>Juegan tan bien que los maestros acaban hasta las narices de jugar con ellos porque es imposible superarlos. Mala cosa, pues, para los enseñantes cuando jugar pasa a formar parte de esas obligaciones que acaban abrumándole a uno. Urge reconciliarse con el juego y hallar el propio modo de jugar satisfactoriamente. ¿Qué nos divierte y hace estar alegres y dinámicos? Y sobre todo, ¿qué nos hace ilusión? Solamente recuperando las verdaderas ilusiones, las que se pueden poner en práctica ahora mismo, podemos volver a jugar como los niños y disfrutar. Sin juego no hay creatividad.</li>
</ol>
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		<title>La educación en la vida móvil</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Dec 2016 11:08:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tribune]]></category>
		<category><![CDATA[Móvil]]></category>
		<category><![CDATA[Pantallas]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La vida móvil es última etapa lógica de la evolución de la comunicación mediada y de la cultura. Del códice al libro de bolsillo, del receptor de radio a lámparas al transistor, de la televisión omnipresente en el salón a la TV en portátil o móvil, de la biblioteca monástica a la biblioteca doméstica, de [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://milmagazine.org/tribune/la-educacion-en-la-vida-movil/">La educación en la vida móvil</a> se publicó primero en <a href="https://milmagazine.org">MIL Magazine</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">La vida móvil es última etapa lógica de la evolución de la comunicación mediada y de la cultura. Del códice al libro de bolsillo, del receptor de radio a lámparas al transistor, de la televisión omnipresente en el salón a la TV en portátil o móvil, de la biblioteca monástica a la biblioteca doméstica, de la gran sala de cine de estreno al visionado primero familiar y luego individual, de la computadora de los años 50 que necesita el espacio de un salón a la tableta, del pasquín fijado en la pared al periódico distribuido en quioscos. <strong>Es una constante histórica la tendencia a que la mediación tecnológica se miniaturice y se haga transportable</strong>, y ahora vemos cómo se cumple en este aspecto el dictum de McLuhan: <strong>el medio es el mensaje</strong>. Las &#8220;pantallas&#8221;, pues, no desaparecerán… hasta que sean sustituidas por un nuevo elemento más ligero, más móvil, más sutil incluso, que absorba, sintetice, potencie y reproponga los potenciales comunicativos de los elementos de la evolución previa.</p>
<p style="text-align: left;">Así las cosas, educar sin &#8220;pantallas&#8221; ha dejado de ser una opción. Cabe pues hacerse las preguntas pertinentes para hallar una posible salida a la perplejidad actual de educadores y padres. Trataré de anotar algunas.</p>
<p style="text-align: left;">La tecnología no es interesante, excepto para Julio Verne o Bill Gates. Por sí misma no interesa más que a una minoría de especialistas. Nadie se entusiasma ante una lavadora. <strong>La tecnología que atrae y apasiona es la que nos relaciona con otros seres humanos</strong>. Se cumple uno de los axiomas fundamentales de la recepción de la comunicación: ¿Qué interesa a la gente? Lo que hace la otra gente. No son &#8220;las pantallas&#8221;, son las personas.</p>
<p style="text-align: left;">Parafraseando a Bill Clinton y la economía: “¡Son las personas, estúpido!”. La telefonía móvil ha obrado un milagro como el que realizó la electricidad. Esta acabó con las largas noches de soledad y frío, el móvil ha terminado con el aislamiento entre las personas: pregunten a los migrantes si temen que el contacto vía s<em>martphone</em> les aísle. Igual que nos educaron para vivir con luz eléctrica hemos de educar para vivir con móvil. &#8220;Nene, es hora de dormir, apaga la luz&#8221;, me decían mis padres al acostarme.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;">La tecnología por sí misma no interesa. Nadie se entusiasma ante una lavadora. La que atrae y apasiona es la que nos relaciona con otros seres humanos</p>
</blockquote>
<p style="text-align: left;"><strong>¿Vamos a privar a los adolescentes de una de sus formas primordiales de crecimiento personal y socialización, que es el contraste entre iguales?</strong> Porque de eso y no otra cosa van &#8220;las pantallas&#8221;. Seria arriesgado hacerlo en una sociedad en la que no existen ritos de paso para los jóvenes y estos pugnan por construirse a si mismos mediante el reconocimiento de los otros y con los otros en un entorno caótico e incierto.</p>
<p style="text-align: left;">La motivación no es cosa fácil, porque motivar no es entusiasmar, arengar o acompañar: motivar es conseguir que alguien haga algo que no quiere hacer. Y es imposible motivar en el aburrimiento, con lo que se llega al más difícil todavía: aprender no tiene porqué ser divertido pero debe ser interesante.</p>
<p style="text-align: left;">Sin atención y concentración no hay aprendizaje. Para que una y otra se produzcan es necesario haber pasado por la etapa de la motivación: lo difícil no es concentrarse, el problema reside en lo que lleva a decidirse a hacerlo. ¿Sabemos ayudar a realizar ese recorrido que empieza en el interés y acaba en el centramiento?</p>
<p style="text-align: left;">El problema no es la socialización vía comunicación digital sino la inmediatez de la relación y la rapidez y fugacidad del contacto. ¿Pero acaso no ha evolucionado cuantitativa y cualitativamente la capacidad humana de manejo de información en los últimos tres siglos y de relación con un número de personas impensable en la sociedad rural? Cuando se inventó el tren se creía que a la velocidad de 20 kmph el sistema nervioso humano se colapsaría; cuando mi abuelo supo que iba a estudiar bachillerato recomendó a mis padres que me llevaran al médico para que no me &#8220;cogiera algo en la cabeza&#8221;.</p>
<p style="text-align: left;">Lo sangrante del asunto es el contraste entre el ritmo de la escuela y el ritmo de la vida móvil, tanto social como lúdica en los adolescentes. La escuela parece quedarse atrás pero quienes lo hacen son los alumnos que no alcanzan a seguir la formación adecuada, condenados con ello a formar parte de los ciudadanos desechables que genera el neocapitalismo corporativo. La escuela es el salvavidas de los más débiles; <strong>¿cómo podemos entonces hablar su mismo lenguaje para que suban a bordo y permanezcan en la nave?</strong> Seguro que no hablando un lenguaje que no entienden y rechazando sus usos y costumbres. <strong>Enseñar es comunicar, pero sobre todo es traducir.</strong></p>
<p style="text-align: left;">Lo que pone de manifiesto en el aula la nueva realidad de la vida móvil no es una mera cuestión psicológica o conductual y va más allá de cuestiones relacionadas con el interés o desinterés, la atención o su déficit, la disciplina o el desorden; se trata de algo más profundo. <strong>Nos enfrentamos a la necesidad de una revolución cultural y educativa</strong> que replantee desde la raíz el aprendizaje y el ejercicio de la lectura, de la escritura y del estudio, no en términos de habilidades y competencias sino en los de una nueva forma de encarar la adquisición global de conocimiento. Se trata de un salto cualitativo como el que nos hizo transcurrir de la lectura en voz alta a la lectura personal e interna, como el que nos llevó a superar la lectura pública en voz alta a la individual, pasando por la subvocálica, que subsiste en algunas personas de edad, ciudadanos de entornos rurales o de reciente alfabetización. ¿Es la presente etapa una fase intermedia &#8220;subvocálica&#8221; titubeante y confusa? No se trata ya sólo de los medios, su uso y lo apropiado de las circunstancias en que tal uso ocurre, es la transformación de una civilización que se halla en puertas y que solamente alcanzamos a vislumbrar. <strong>El reto no es para las pantallas, para los maestros o para los alumnos, es para la educación en su entera concepción</strong>: la educación en la vida móvil.</p>
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